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La Vida es una Fiesta

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Imagina que este fin de semana hay una fiesta; el sábado todos los invitados llegan bien bañados –les toque baño o no-, finamente vestidos. En fin, todos se muestran dispuestos a divertirse. 
Veamos qué sucede.
En la fiesta no puede faltar el aburrido que se limita a permanecer en su asiento, quien nada le divierte, que toma una cerveza y como que no le cae bien. A las once de la noche esta persona exclama:
 -Yo ya me voy, todo esto está muy aburrido.
El lunes sus amigos que no fueron le preguntan:
-¿Cómo estuvo la fiesta?
-Muy aburrida –responde. Claro, para él así estuvo.
¡Ah! Pero de pronto llega otro, con varios amigos. Conversan, bromean, ríen a carcajadas, toman dos, tres cervezas y empiezan a bailar. Un poco después la habrán pasado de maravilla. Cuando esta persona llega el lunes a la empresa y le preguntan:
-Oye, ¿cómo estuvo la fiesta?
Contesta:
-Muy divertida.
-Pero aquél dijo que estuvo aburrida –lo cuestionan y él afirma-: Bueno, para él.
Resulta que en la misma fiesta uno se aburrió y otro se divirtió.
Y tampoco falta el que gusta de los pleitos, el que “toma de la brava”… porque nada más toma y se pone bravísimo. Con sólo dos cervezas le da por mirar al otro y lanzarle un:
-¡Qué, tu que me ves, pues vente!
Hasta que sus amigos le reclaman:
-¡Vámonos, si venimos a divertirnos, no a pelear!
Y acaban por correrlo de la fiesta. Si el lunes le piden que la describa, ¿qué diría?
-Sólo pleitos.
Cada quien ofrece la interpretación que desea, la más cercana a su actitud ante la fiesta.
Pero tampoco podría faltar el galán, el cual desde que entra, mira a todas las damas presentes diciendo: “Yo las mato, tú las cuentas”. Siempre hay un tipo de estos en las fiestas, en cada empresa, en cada lugar. Pues bien, parecería que este individuo posee vista de rayos x: desde que se detiene en la puerta alcanza a verlas a todas y en un instante, analizándolas, sabe cual es divorciada, cuál está disponible, quién es viuda, cuál soltera. Le llaman “el caníbal”, porque asegura que le gustan todas: las altas, las flacas y las chaparritas, las gordas y las chiquititas, ¡todas!
Imagina a este hombre al volver el lunes por la mañana, a la empresa. Cuando los que no fueron le preguntan:
-Oye, ¿qué tal estuvo la fiesta?
¿Qué contesta?
-¡Encantadora y maravillosa!
Como ven, es la misma fiesta, uno se aburrió, otro se divirtió, otro la pasó peleando y para el otro resultó encantadora, maravillosa.
Bueno, pues:
Tú, querido amigo, has sido invitado a esta fiesta llamada LA VIDA, y tú decides si quieres ser feliz todos los días.
Por lo tanto, habitúate a convencerte, a animarte: “¡Qué preciosa es la vida!”. Empieza a decir cada mañana: “¡Qué hermoso día!”; a exclamar a cada instante: “¡Aquí y ahora, qué feliz soy!”
Si aprendes a utilizar el poder de la autosugestión, el cual nos hace primero fingir y luego acabar creyendo, podrás ser feliz cada instante de tu vida.


Alex Dey
/http://www.alexdey.com.mx/

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