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Hoy Encontré a un Niño


Desciendo lentamente y con cuidado a una profunda y obscura cueva. Caminando en la obscuridad veo a lo lejos una brillante luz. Es la salida de la cueva. Camino hacia allá.

La salida es alta, circular, llena de luz. Ahora parece fácil alcanzar aquella apertura.

Surgiendo como una magnífica mariposa de su crisálida autoimpuesta, estoy en una playa con rocas y cálida luz solar. Es una hermosa playa, de blancas arenas que al caminar masajean mis pies suavemente. El sol brilla en un cielo límpido y azul. Escucho extasiado el delicioso sonido de las olas y las gaviotas que se pierden a lo lejos.

Respiro el aire húmedo y limpio del mar que me eleva los ánimos y me hace sentir vivo.

Todo es belleza. Pureza. Inicios.

Ecos de anhelo internos de ser nuevo, de saber y responder a mis mareas, despertar de las represiones pétreas de culpa innecesaria.

Ahí, en la orilla del agua, hay un niño. Desnudo, sin temor, lleno de alegría. Encantado con sus conchas y sus pilas de arena, gozando cuando sus pies son acariciados por las olas que llegan, jugando y bailando en la libertad soleada de su mente no condicionada.

Una salud radiante rodea el pequeño cuerpo, con sus ojos claros y suave voz; amando toda la vida. Viviendo la magia de cada instante lleno de gozo y libertad, de dicha y júbilo naturales.

Me ve; hay gritos extasiados de reconocimiento mientras mi niño corre a mis brazos. Nos abrazamos y damos vueltas, saltando, regocijados con nuestro encuentro. Todo es amor y dicha.

Me pregunta que porqué lo abandoné todo este tiempo, le digo que me perdone. Él me contesta con su linda voz que ya me perdonó. Beso su mejilla rosada y él me mira con una sonrisa limpia y sincera.

Le digo que nunca más lo abandonaré. Ahora está a salvo, no hay nada que temer. Él se siente seguro y confiado, siente mi amor incondicional y acaricia mi cabeza. Lo miro a los ojos y le digo “Te Amo”, él me abraza de nuevo y besando mi frente me dice: “Yo también te amo”.

De pronto, mareado, deslumbrado por los diamantes del sol y la arena, caigo suavemente en la arena que me sostiene…

Ahora estoy totalmente reanimado y renacido… siento a mi niño. Ya no está aparte; ya no es una imagen de la perfección perdida, ahora soy yo.

Muy dentro de mí, en mi corazón permanece este eterno ser. Glorioso. Feliz. Radiante. Amado. Perdonado.

"Mi niño interior está a salvo y feliz en el centro de mi ser. Amo y cuido a mi niño interior."



Enrique Nieto

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