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Hoy es el Mañana del Ayer

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¡Hoy es el ayer de mañana!

Hoy es el resultado real de la eficacia de tus planes. Si utilizaste cada hora disponible de ayer, entonces has hecho todo lo que has podido para aumentar hoy tus posibilidades de triunfo, recompensa y éxito. Si desperdiciaste esos preciosos momentos de ayer en actividades improductivas y frívolas, tus recompensas vendrán hoy de una forma similar. Además de los resultados de tus esfuerzos previos, el hoy también contiene las semillas de tus esfuerzos previos, el hoy también contiene las semillas de las posibilidades de mañana.

El hoy incluye la oportunidad para hacer el mañana de la forma en que quieres que sea. El hoy es tu última oportunidad para influenciar y cambiar los resultados que seguramente llegarán mañana. Cada día representa los resultados y la comprobación de tus actividades previas, al mismo tiempo que una oportunidad para cambiar el futuro.

Aprovecha esta oportunidad diaria para cambiar, con una actitud positiva y un plan definido. Pon de inmediato este plan en acción mediante el trabajo continuo y eficaz. Los resultados de tus esfuerzos de hoy aparecerán con seguridad como la realidad de mañana. Donde te encuentres mañana, depende de qué tan sabia y eficazmente usaste tus horas disponibles de hoy.

Inicia cada día con una actitud mental positiva. Visualiza y concéntrate en tus metas. Elabora cuidadosamente tus planes. Escríbelos en detalle. Haz una lista de todo lo que tiene qué hacerse cada día para lograr tus metas. Utiliza cada hora de cada día para realizar con eficacia los planes que producirán los resultados deseados. Al final de cada día hazte la pregunta diaria:

¿Hice hoy todo lo que pude para hacer el mañana de la forma en que quiero que sea?

Cuando puedas responder la pregunta diaria con la afirmación absoluta:

¡Sí, hice todo lo que pude, con todo lo que tenía para hacerlo! Irás bien en tu camino al éxito y al triunfo que estás buscando, y que mereces tener en esta vida.

“Acérquense al precipicio”, les dijo.
“Tenemos miedo”, le contestaron.
“Acérquense al precipicio”, les dijo.
Se acercaron. Él los empujó.
Y ellos volaron.
-Emir Salomón



Herbert Harris

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