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¿Cómo Funcionan las Relaciones Mágicas?

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El milagro que contemplas para ti en todas tus relaciones se centra probablemente en el deseo de ser dichoso y feliz y estar en armonía con todas las personas de tu vida, sin conflictos dolorosos. Y quizás incluso anheles la maravillosa sensación de dicha que te embargó en tus primeros enamoramientos, cuando joven.

Es en tu mente donde debes poner manos a la obra para crear realidad mágica en todos tus tratos con otras personas. Para alcanzar el estadio de la realidad mágica has de tomar la decisión de ir más allá del sufrimiento y los resultados y, literalmente, vivir tu vida con un propósito. Cuando lo hagas, tus relaciones reflejarán de manera natural este cambio.

Además, a medida que trabajes en la creación de relaciones espirituales con todos los demás, verás que se producen milagros en otras áreas de tu vida. Descubrirás que posees capacidades milagrosas que en otro tiempo achacabas tan sólo a la coincidencia o al capricho de la suerte. Empezarás a entrar en el pensamiento de los demás y a conectar con ellos, cosa que no sucede cuando se vive en la duda y el temor. Empezarás a saber que piensa el otro, y verás que dices en voz alta y con regularidad cosas como éstas: “Yo estaba pensando exactamente lo mismo”, “Precisamente iba a sugerirte lo mismo”, “Seguro que eres capaz de leer mi pensamiento, porque eso es exactamente lo que tenía en la cabeza”. Este tipo de sensaciones no son ni azarosas ni estrambóticas, se tienen cuando se vive a un nivel superior de conciencia.

Este estado superior de conciencia que empieza a desarrollarse entre tú y los demás representa una utilización a plena escala de la intuición. Se desarrolla una sensación de conocimiento a través de la conexión con los demás, y la relación con estos tiene lugar a un nivel totalmente distinto del meramente físico. Empiezas a darte cuenta de que la misma inteligencia infinita e invisible que discurre a través de ti también discurre a través de los demás. Sólo hay una inteligencia infinita, que está en todos nosotros. Ahora puedes literalmente conectar con ella en aquellos a quienes amas profundamente y experimentar una nueva conexión, una nueva relación.

Este nuevo modo de relacionarse no exige estar físicamente presente al lado del otro. Aprenderás a saber lo que la otra persona necesita y piensa cuando tú estás a kilómetros de distancia. Se trata de una conexión del espíritu; sois realmente uno. Llamarás por teléfono a alguien que tiene una relación espiritual contigo y la otra persona sabrá antes de coger el aparato que eres tú quién llama. Veréis que cada vez tenéis más experiencias de ese tipo. Esta forma de conciencia milagrosa con el otro tendrá su origen en ti. En tu mente. En tus meditaciones se te guiará sobre lo que debes dar a los demás y cuando salgas al “mundo real” y proporciones aquello que has visto en un momento de iluminación espiritual, es posible que las personas queden de hecho sorprendidas ante tu conocimiento. Pero a ti ya no te sorprenderá. Empezarás a considerar esto como algo normal. Conectarás a un nivel superior, un nuevo nivel de conciencia que en definitiva llamarás realidad mágica.

Verás que eres capaz de llevar a cabo nuevas y apasionantes hazañas con tu mente, y las dudas ajenas no serán para ti un disuasivo. La siguiente anécdota es un ejemplo de este tipo de conocimiento. En un tiempo yo no la habría comentado, me habría preocupado el pensar cómo podían percibirla otros. Eso ya no me ocurre.

Una mañana, en el curso de una poderosa meditación, pude realmente ver a mi esposa acostada aun cuando se hallaba en realidad a varios kilómetros de distancia. Yo la había dejado temprano para dar un largo paseo y decidí meditar antes de regresar a nuestro apartamento de alquiler en Maui. Esa mañana fui capaz de estar realmente con ella y de rondar sobre su cuerpo en mi meditación, y luego, de repente, pude sentir sus pensamientos conmigo. Fui en verdad capaz de entrar en su sueño y experimentar con mi esposa lo que ella estaba soñando.

No me cabía la menor duda al respecto, puesto que, en mi meditación, pude ver su cuerpo físico tendido allí sobre la cama, y a continuación sentir sus pensamientos e imágenes. Fue un espectacular momento de conexión, en una medida que yo jamás había experimentado antes.

Cuando volví a nuestra casa de verano ella estaba levantada, y le hablé del sueño que le había sentido soñar. Quedó sin habla. Era precisamente lo que ella había vivido en su mente. Esto ocurrió hace dos años, y es algo que se ha hecho mucho más frecuente entre nosotros. En realidad, no me siento ya tan incrédulo en el momento de escribir estas palabras como cuando sucedió, ¿Por qué a tantos de nosotros nos cuesta tanto aceptar la posibilidad de que ocurran estas cosas? Sabemos que existe una conexión invisible entre todos los miembros de la especie humana. Sabemos que hay una sola fuente o una sola energía que fluye a través de todos nosotros. No millones de dioses sino sólo uno, que está presente en todas las cosas vivas y es el origen de todo. Lo llamamos Dios, pero se le dan muchos nombres. Tao es otro de los nombres con que denominamos esta unidad que hay en todos nosotros. Como dijo Lao Zi:

Existe un algo oscuro, y completo
antes de que alzaran el cielo y la Tierra;
tranquilo, quieto,
de pie solo e inmutable, moviéndose en torno sin peligro. Podría ser la madre de todo.
YO desconozco su nombre,
y lo llamo Tao.

Está en todos nosotros y, sin embargo, seguimos aferrándonos a la creencia en nuestra separación. Creemos que la fuerza invisible que discurre a través de nuestros compañeros es algo distinto de la que discurre a través de nosotros. La capacidad de menear el dedo como consecuencia de un pensamiento invisible es una conexión que nos confunde en el mundo físico. Algo permite que ese pensamiento llegue al dedo. Y la misma fuerza invisible que me permite menear el dedo permite a mi esposa menear el suyo. Así, ¿por qué no voy a poder yo menear su dedo? He aquí lo que dice Einstein sobre el tema: «Él (los seres humanos) se experimenta a sí mismo, con sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su conciencia... Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta cárcel... ».

A medida que alcances niveles cada vez más altos de conciencia espiritual, descubrirás que lo que antes veías como un milagro en tus relaciones constituye ahora tu modo de relacionarte con todos los demás. Llegas a un lugar en tu interior donde sabes en verdad que no hay límites. Te liberas en verdad de la cárcel de tu cuerpo y de esas ilusiones de las que habla Einstein, y entras en el mundo de la realidad mágica.

Este nuevo modo de ser en las relaciones se extiende hacia arriba y hacia abajo por el espectro de tus contactos con todos los demás. Se extiende incluso a nuestras relaciones con los animales y con toda la vida del planeta y del universo.

En el caso de los amigos y conocidos, empezamos a conectar con su pensamiento y a tener un conocimiento de lo que podemos dar y de lo que ellos necesitan. Con los colegas del trabajo, empezamos a confiar en nuestra intuición. En lugar de centrarnos en lo que creemos nos corresponde y en lo que los demás pueden hacer por nosotros, pasamos a una nueva posición que coloca en primer lugar sus necesidades. Nos convertimos en la persona que da, en la persona con un propósito, y nos centramos en lo que les corresponde a ellos mientras que, en cuanto a nosotros, confiamos en que el universo provea. Nos hemos entregado en esas relaciones y vemos en cada persona un alma con un cuerpo, y tendemos los brazos a esa alma.

De esta forma de abordar las relaciones en los negocios fluyen los milagros y nos sentimos en paz, con un propósito y serenos, sabedores de que nos ofrecemos a los demás en un nuevo plano. Paradójicamente, las cosas revierten hacia nosotros más que nunca. Pero no estamos centrados en lo que revierte hacia nosotros sino que damos incluso más, y así sucesivamente.

Hemos creado relaciones milagrosas conectando con todos los demás a través del Tao, o sea del Dios que impregna su forma física. Estamos atendidos y somos capaces de ver los pensamientos y las visiones de los demás. Hemos roto la ilusión de su separación y creado en su lugar un modo de conexión.

Este nuevo enfoque de las relaciones lleva consigo un sentimiento sacro hacia todas las cosas vivientes. Los animales que ladran furiosos a los demás se muestran pacíficos hacia nosotros cuando no sentimos temor ni hostilidad. Se presiente una especie de presencia invisible en todos los seres vivientes. Se empieza a crear en nosotros una ternura hacia todo y todos y vemos la imposibilidad de la destrucción derrochadora e insensata. Krishnamurti, al hablar de la simplicidad del amor, observaba:

El otro día vi a unos muchachos recogiendo flores. No iban a ofrecer las flores a ningún dios, iban hablando y arrancando irreflexivamente las flores y luego las arrojaban. También los adultos lo hacen, se dedican a expresar su brutalidad interior, esa pasmosa falta de respeto por las cosas vivientes... Podemos comprender que una muchacha coja una flor o dos para ponérselas en el pelo, o para dárselas a alguien en señal de afecto; pero, ¿arrancar las flores porque sí?

No hace mucho tenía yo un compromiso para hablar y fui invitado a una recepción con refrigerio. Una muchacha, que llevaba en brazos a su sobrinita, tenía problemas con la niña. Yo llevaba una semana alejado de mis hijos y anhelaba tener en brazos una niñita tan guapa. Cuando vi a aquella hermosa alma de candidez extendí los brazos y la sostuve mientras duró el refrigerio. Se mostró apacible y cariñosa. La llevé hasta el estanque de peces del vestíbulo y hablamos a los «pececitos» con pequeños ruiditos propios de un pez. Fue un encuentro muy especial. Una relación mutua de amor y entrega, aunque no durase más que casi una hora.

Más tarde, por la noche, después de mi charla, conocí a la madre de la niñita y me dijo algo que ya me he acostumbrado a oír: «Es usted la primera persona a quien la niña no rechaza, aparte de los familiares más inmediatos. Le dan mucho miedo los extraños y nunca, nunca, ha permitido que otra persona la tuviera en brazos. He quedado pasmada al ver que no lo rechazaba a usted, y todavía no salgo de mi asombro».

¡Los bebés saben! ¡Los animales saben! ¡Los extraños saben! ¡Los niños pequeños saben! El Tao, esa inteligencia invisible, fluye a través de todos nosotros.

Acercándonos a otra persona con amor en el corazón, sin pedir nada sino tan sólo ofreciendo ese amor, creamos relaciones milagrosas. Pero cuando nos dirigimos a alguien buscando algo, sin confiar en ellos y dudando de ellos, explotándolos, el nivel de nuestra cualidad invisible se hace transparente y la oportunidad de crear milagros y realidad mágica se ve mermada. Se puede lograr crear milagros en todas nuestras relaciones, pero ello no se logra memorizando técnicas. Se logra dando una nueva orientación a lo que llevamos dentro, que es donde están ubicadas todas nuestras relaciones.


Wayne W. Dyer

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