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El Milagro de PIENSE Y HÁGASE RICO


Lee Braxton, de Whiteville, Carolina del Norte, era hijo de un modesto herrero que apenas ganaba para vivir. Era el décimo hijo de un familia de doce. «...Se puede decir, por tanto -señala el señor Braxton-, que me familiaricé con la pobreza en una época muy temprana de mi vida. Gracias a mi esfuerzo, conseguí superar el sexto año de estudios. Hice de limpiabotas, fui mozo de una tienda de comestibles, vendí periódicos, trabajé en una fábrica de géneros de punto, fui lavacoches y ayudante de mecánico.»

Al convertirse en mecánico, Lee pensó que había logrado sus máximas aspiraciones. Tal vez aún no se hubiera producido en él un DESCONTENTO INSPIRADOR. A su debido tiempo, contrajo matrimonio. Y, junto con su esposa, siguió viviendo en medio de la escasez. Estaba acostumbrado a la pobreza. Y ahora le pareció que le sería imposible romper los lazos que le mantenían atado, aunque le pagaban muy mal y apenas podía mantener a su familia. Los Braxton ya lo estaban pasando muy mal en su intento de seguir tirando cuando, para completar la sensación de derrota, él perdió el empleo. Estuvo a punto de perder la casa al no poder hacer frente a la hipoteca. La situación parecía desesperada.

Pero Lee era un hombre de carácter. Era también un hombre religioso. Y creía que Dios es siempre un Dios bueno. Por consiguiente rezó, pidiendo su guía e inspiración. Como en respuesta a su plegaria, un amigo le proporcionó el libro Piense y hágase rico. Este amigo había perdido su empleo y su casa durante los días de la Depresión, y se había sentido estimulado a recuperar su fortuna tras haber leído Piense y hágase rico.

Ahora Lee estaba preparado. Leyó el libro una y otra vez. Estaba buscando el éxito económico y se dijo a sí mismo. «Me parece que hay algo que tengo que hacer. He de añadir algo. Ningún libro lo hará por mí. Lo primero que debo hacer es desarrollar una Actitud Mental Positiva en relación con mis aptitudes y mis oportunidades. Tengo que elegir sin falta un objetivo concreto. Y, cuando lo haga, he de apuntar más alto de lo que jamás haya hecho en el pasado. Pero tengo que poner manos a la obra. Empezaré con el primer empleo que pueda encontrar».

Buscó un trabajo y lo encontró. Al principio no era muy lucrativo.

Sin embargo, pocos años después de haber leído Piense y hágase rico, Lee Braxton organizó y se convirtió en presidente del First National Bank de Whiteville, fue elegido alcalde de su ciudad y participó en muchos y muy buenos negocios. 

Y es que Lee había apuntado alto, mejor dicho, muy alto. Se había propuesto el objetivo de ser lo suficientemente rico como para poder retirarse a la edad de cincuenta años. Alcanzó su meta con seis años de adelanto: se retiró de los negocios activos con una considerable fortuna y unos magníficos ingresos propios a la edad de cuarenta y cuatro años.



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