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Retrato de una Persona Conectada al Campo de la Intención

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"Las personas que se autorrealizan deben ser
lo que pueden ser."
-Abraham Maslow

Una persona que vive en un estado de unidad con la Fuente de la vida no parece distinta del resto de la gente; no está rodeada por ningún halo ni lleva ropa especial que demuestre sus cualidades divinas, pero, cuando te das cuenta de que esas personas van por la vida como seres afortunados que siempre tienen todas las oportunidades y empiezas a relacionarte con ellas, también te das cuenta de lo distintas que son en comparación con quienes viven en los niveles normales de conciencia. Habla unos momentos con esas personas conectadas a la fuerza de la intención y comprobarás su singularidad.

Esas personas, a las que yo llamo conectores para resaltar su conexión armoniosa con el campo de la intención, son individuos que se han hecho accesibles al éxito. Resulta imposible que tengan una actitud pesimista ante lo que desean en su vida. En lugar de utilizar un lenguaje que indique que sus deseos quizá no se hagan realidad, se expresan con una convicción interior que transmite un conocimiento tan profundo como sencillo de que la Fuente universal lo proporciona todo.

No dicen: «Con la suerte que tengo, no saldrán bien las cosas». Es más probable que de sus labios oigas las siguientes palabras: «Tengo la intención de crear esto y sé que funcionará». Por mucho que intentes disuadirlos señalando todas las razones por las que deberían ser menos optimistas, parecen completamente ciegos ante las repercusiones contrastadas por la realidad. Parece como si vivieran en otro mundo, un mundo en el que no se atienen a las razones por las que las cosas no funcionan.

Si inicias una conversación con ellos sobre esta idea, dirán algo como:«Me niego a pensar en lo que no puede ocurrir, porque yo atraeré exactamente aquello en lo que pienso, así que solo pienso en lo que sé que puede ocurrir». No les importa lo que haya ocurrido antes. No se identifican con conceptos como «fracaso» o «imposible». Sin anunciarlo a bombo y platillo, simplemente no les afectan las razones para ser pesimistas. Se han hecho accesibles al éxito, y conocen una fuerza invisible y omniproveedora en la que confían. Están tan bien conectados con la Fuente omniproveedora que es como si poseyeran un aura natural que impide cuanto pudiera debilitar su conexión con la energía creativa de la fuerza de la intención.

Los conectores no sitúan sus pensamientos en lo que no desean, porque, como ellos mismos te dirán: «La Fuente de todo sólo responde con lo que es, y, lo que es, es suministro infinito. No puede tener ninguna relación con la escasez, o con que las cosas no funcionen, porque no es ninguna de esas cosas. Si le digo a la Fuente de todas las cosas: "Probablemente no funcionará, recibiré a cambio justo lo que le he enviado, y por eso sé que no debo pensar en otra cosa que en lo que es mi Fuente».

A la persona media con miedo al futuro todo esto le sonará a chino. Le dirán a su amigo conector que se someta a una prueba de realidad y mire de una forma realista el mundo en el que vive. Pero a los conectores no hay nada que los aparte de su saber interior. Si estás dispuesto a escucharlos, te dirán que este es un universo de energía y atracción, y que la razón por la que tantas personas llevan una vida de miedos y escasez es porque confían en su ego para cumplir sus deseos. «Es muy sencillo», te dirán. «Vuelve a conectarte a tu Fuente y sé como esa Fuente, y entonces tus intenciones se corresponderán a la perfección con la Fuente omniproveedora».

A los conectores todo les parece así de sencillo. Mantén tus pensamientos en lo que tienes intención de crear. Mantente constantemente en correspondencia con el campo de la intención y espera a que lleguen a tu vida las claves de lo que le estás pidiendo a la Fuente omnicreadora. Para un conector no existen las casualidades. Perciben acontecimientos en apariencia insignificantes como algo orquestado, en perfecta armonía. Creen en la sincronía y no les sorprende que aparezca la persona perfecta en una situación dada, ni que se presente, como caído del cielo, alguien en quien estaban pensando, o cuando inesperadamente reciben por correo un libro que les proporciona la información que les hacía falta o cuando aparece misteriosamente el dinero que necesitaban para un proyecto que tenían entre manos.

Los conectores no intentarán ganarte para su causa a base de discusiones. No se molestan en gastar energía en debates ni en frustraciones, porque eso atrae a sus vidas el debate y la frustración. Saben lo que saben y no les tienta construir una contra fuerza de resistencia a las personas que viven de una forma distinta a ellos. Aceptan la idea de que no existe la casualidad en un universo que posee una fuerza invisible de la energía como su Fuente que crea y provee continua e inagotablemente a cuantos desean aceptarla. Si les preguntas, te responderán lisa y llanamente: «Lo único que tienes que hacer para enchufarte a la fuerza de la intención es corresponderte perfectamente con la Fuente de todo, y yo he decidido estar lo más alineado posible con esa Fuente».

Para los conectores, cuanto surge en su vida se debe a que la fuerza de la intención dispuso que estuviera allí. Por eso se encuentran en un continuo estado de gratitud. Se sienten agradecidos por todo, incluso por cosas que podrían parecer obstáculos. Tienen la capacidad y el deseo de ver una enfermedad pasajera como una bendición, y en el fondo saben que en ese contratiempo existe una oportunidad, y eso es lo que buscan en todo lo que se les presenta en la vida. Con su agradecimientoposibilidades en lugar de pedirle nada a su Fuente, porque eso parece otorgar poder a lo que les falta. Comulgan con su Fuente en un estado de gratitud reverente por todo lo que está presente en sus vidas, sabiendo que eso fortalece su intención de manifestar justamente lo que necesitan.

Los conectores dicen de sí mismos que viven en un estado de valoración y perplejidad. Raramente los oirás quejarse de nada. No le encuentran defectos a nada. Si llueve, disfrutan de la lluvia, porque saben que no llegarán a donde quieren ir si solamente viajan en los días soleados. Así reaccionan ante la naturaleza, valorándola armoniosamente. La nieve, el viento, el sol y todos los sonidos de la naturaleza les sirven de recordatorio de que ellos forman parte del mundo natural. Veneran el aire, independientemente de la temperatura o de la velocidad del viento, porque es el aliento de la vida.

Los conectores valoran el mundo y todo lo que hay en él. La misma conexión que experimentan con la naturaleza la tienen con todos los seres incluyendo los que vivieron antes y los que están aún por llegar. Poseen consciencia de la unidad, y por consiguiente no establecen distinciones tales como «ellos» o «los otros». Para los conectores sólo existe el «nosotros». Si pudiéramos observar su mundo interior, veríamos que les hace daño el dolor infligido a otros. No conocen el concepto del enemigo, porque saben que todos nosotros emanamos de la misma Fuente divina. No critican, no se sienten amenazados ni les molestan las diferencias en las costumbres o el aspecto de los demás, sino que les gustan. Su conexión con los demás tiene un carácter espiritual, pero no se separan espiritualmente de nadie, por muy diferentes que sean su forma de vida o sus costumbres. En el fondo de su corazón, los conectores sienten afinidad con la vida entera, y también con la Fuente de la vida entera.

Debido a este vínculo, los conectores son tan hábiles para atraer a su vida la cooperación y la ayuda de los demás a la hora de hacer realidad sus intenciones. El hecho mismo de sentirse conectado significa que en su mente no existe nadie en este planeta con quien no estén unidos en un sentido espiritual. Por consiguiente, al vivir en el campo de la intención, pueden tener acceso a cualquier cosa en la que se fije su atención, porque ya están conectados al sistema de la energía que otorga la vida y a todas sus creaciones. Valoran esa conexión espiritual y no consumen energía en menospreciarla ni criticarla. Jamás se sienten separados de la ayuda que ofrece ese sistema que otorga la vida.

Por lo tanto, a los conectores no les sorprende que la sincronía o la coincidencia les traigan los frutos de sus intenciones. Saben en el fondo de su corazón que esos acontecimientos aparentemente milagrosos llegan a su espacio vital inmediato porque ya estaban conectados a ellos. Si les preguntas sobre el asunto te contestarán lo siguiente: «Claro, así funciona la Ley de la Atracción. Mantén la sintonía vibratoria con la Fuente de la vida entera que te dispuso y cuantos viven aquí y todos los poderes del campo de la intención colaborarán contigo para que traigas a tu vida lo que deseas». Saben que así funciona el universo. Habrá quien se empeñe en decir que los conectores simplemente tienen suerte, pero las personas que disfrutan de la fuerza de la intención saben que no es así. Saben que pueden gestionar la presencia de cualquier cosa en la que fijen su atención siempre y cuando armonicen con las siete caras de la intención.

En lugar de vanagloriarse de su buena suerte, los conectores se mantienen continuamente en un estado de gratitud y humildad radical. Comprenden el funcionamiento del universo y sintonizan con él en lugar de enfrentarse o ponerle trabas. Si les preguntas, te responderán que formamos parte de un sistema de energía dinámica. Te dirán: «La energía que se mueve más rápidamente disuelve y anula la energía que se mueve más lentamente». Esas personas han decidido estar en armonía con la invisible energía espiritual. Han adaptado sus pensamientos a los niveles de las vibraciones más altas y, en consecuencia, son capaces de desviar las vibraciones lentas y más lentas.

Los conectores producen cierta potenciación en las personas que viven en niveles de energía más bajos cuando entran en contacto con ellas. Su tranquilidad transmite a los demás calma y seguridad, e irradian una energía de paz y serenidad. No quieren salir airosos en las discusiones ni ganarse aliados. En lugar de intentar convencerte de que pienses como ellos, te convencerán con la energía que emanan. Todos se sienten amados por los conectores porque se han fundido con la Fuente de la vida, que es el amor.

Los conectores te dicen sin ambages que han decidido sentirse bien sin que les importe lo que pase a su alrededor ni cómo los juzguen los demás. Saben que sentirse mal es una cuestión de elección, que no resulta útil para solucionar las situaciones desagradables que se dan en el mundo. Por eso se valen de sus emociones como sistema de orientación para establecer el punto de sintonía con la fuerza de la intención. Cuando se sienten mal, por lo que sea, eso les sirve de indicador para comprender que ha llegado el momento de cambiar el nivel de energía para corresponderse con la energía de paz y amor de la Fuente. Repiten una y otra vez: «Quiero sentirme bien», y armonizan sus pensamientos con ese deseo.

Aunque el mundo esté en guerra, deciden sentirse bien. Si la economía va en picada, optan por sentirse bien. Aunque aumente el índice de delincuencia o se desencadene un huracán en algún lugar del planeta, siguen optando por sentirse bien. Si se les pregunta por qué no se sienten mal cuando ocurren tantas cosas malas en el mundo, sonríen y te recuerdan que el mundo del espíritu que todo lo dispuso funciona en paz, amor, armonía, bondad y abundancia, y «ahí es donde he decidido residir en mi interior. Sentirme mal sólo me asegura que atraeré a mi vida aún más malestar».

Los conectores sencillamente no permiten que su bienestar dependa de nada externo, ni las condiciones atmosféricas, ni las guerras, ni la situación política ni la economía, ni desde luego la decisión de nadie de vivir en la baja energía. Funcionan con el campo de la intención, emulando lo que, según saben, es la Fuente creativa de todo.

Los conectores están siempre en contacto con su naturaleza infinita. No temen a la muerte, y si les preguntas te dirán que ellos nunca nacieron realmente ni nunca morirán. La muerte es como quitarse una prenda o pasar de una habitación a otra, una simple transición. Consideran la energía invisible que dispone la existencia de todo su verdadero ser. Como los conectores se sienten siempre alineados con todo y con todos los que están en el universo, no experimentan la sensación de separación de nadie ni de lo que les gustaría atraer hacia sus vidas. Su conexión es invisible e inmaterial, pero jamás la ponen en duda. En consecuencia, confían en esa energía espiritual, interior e invisible que lo impregna todo. Viven en armonía con el Espíritu sin considerarse jamás separados de él. Esta consciencia constituye la clave de que vean el funcionamiento de la fuerza de la intención como algo cotidiano.

No se puede convencer a los conectores de que lo que tienen intención de hacer no se materializará, porque confían plenamente en su conexión con la energía de la Fuente. Te invitarán a que elijas la posibilidad con la que te vas a identificar y después te animarán a vivir como si ya hubiera ocurrido. Si no puedes hacerlo y te quedas estancado en la duda, las preocupaciones y el miedo, te desean que te vaya bien, pero siguen pensando desde el fin, como ellos dicen. Ven lo que intentan manifestar en sus vidas como si ya se hubiera materializado, y como es tan real en sus pensamientos, es su realidad. Te dicen con toda franqueza: «Cuando están armonizados con el campo de la intención, mis pensamientos son los pensamientos de Dios, y así es cómo he decidido pensar». Si se los observa con detenimiento, se ve que son excepcionales a la hora de hacer realidad los frutos de sus intenciones.

Los conectores son excepcionalmente generosos. Es como si lo que desearan para sí mismos no fuera nada en comparación con lo que desean para los demás. Les encanta dar. Algunos se preguntarán cómo pueden acumular nada, pero sus vidas están llenas de abundancia, y no parece faltarles nada de lo que desean. Te dirán:«El secreto de la fuerza de la intención radica en pensar y actuar como la Fuente omniproveedora de la que surge todo. Siempre provee, y yo he decido ser también proveedor. Cuanto más doy de mí mismo y de todo lo que fluye hacía mí, más me es devuelto».

Los conectores son personas de gran inspiración. Viven más en el espíritu que en la forma. En consecuencia, están inspirados y sirven de inspiración, lo contrario de estar informados y llenos de información. Son personas con un profundo sentido de su destino. Saben por qué están aquí, y también que son algo más que un conjunto de huesos, sangre y órganos envuelto por un cuerpo de piel y pelo. Se dedican a vivir su propósito y a evitar las distracciones que causan las exigencias del ego. Sienten gran reverencia por el mundo del Espíritu, y se mantienen inspirados comulgando con esa Fuente.

Su nivel de energía es excepcionalmente alto, la energía que los define como conectores. Es la energía de la Fuente, una frecuencia de vibraciones rápidas que lleva el amor ante la presencia del odio y transforma ese odio en amor. Presentan un semblante pacífico ante el caos y la desarmonía y transforman las bajas energías en la alta energía de la paz. Cuando estás en compañía de quienes habitan en el campo de la intención, te sientes con más energía, más limpio, más sano y más inspirado. No juzgan a los demás, y los actos o los pensamientos de los demás no los inmovilizan. Muchas veces se los considera distantes y fríos porque no les interesan los cotilleos. Te dicen que es el Espíritu quien da la vida, y que todos en este planeta tienen ese Espíritu en su interior como una fuerza omnipotente. Están convencidos de ello, lo viven, e inspiran a los demás.

Llegarán hasta el extremo de decir que los desequilibrios del planeta, como los terremotos, las erupciones volcánicas y las condiciones climáticas extremas son consecuencia de un desequilibrio colectivo de la consciencia humana. Te recordarán que nuestro cuerpo está compuesto de los mismos materiales que la tierra, que el fluido que constituye el noventa y ocho por ciento de nuestra sangre era anteriormente agua del mar, y que los minerales de nuestros huesos formaban parte del suministro limitado de minerales de la tierra. Se consideran uno con el planeta y se sienten responsables de mantenerse en una armonía equilibrada con el campo de la intención para contribuir a estabilizar y armonizar las fuerzas del universo que pueden desequilibrarse cuando vivimos con un ego excesivo. Te dirán que todos los pensamientos, sentimientos y emociones son vibraciones, y que la frecuencia de esas vibraciones puede producir perturbaciones, no sólo en nosotros, sino en todo lo que está compuesto de los mismos materiales.

Los conectores te animarán a que permanezcas en armonía vibratoria con la Fuente por su sentido de la responsabilidad para con el planeta entero, y lo consideran una función vital que hay que emular. No piensan en esto ni lo debaten desde una perspectiva puramente intelectual; es lo que sienten en lo más profundo de su ser y lo que viven apasionadamente día a día.

Observarás que los conectores no se recrean en la enfermedad ni en el malestar. Van por la vida como si su cuerpo disfrutara de una salud perfecta. Piensan y sienten que cualquier enfermedad que les sobrevenga no ha existido, y que ya están curados. Están convencidos de poder atraer los nuevos resultados, porque saben que existen muchos posibles resultados para cualquier afección, incluso para las que a los demás les puede parecer imposible superar. Te dirán que las posibilidades de curación están aquí y ahora, y que el curso que tome una enfermedad es una cuestión de su propia perspectiva. Al igual que creen que los sistemas de turbulencia externa se hacen pacíficos en presencia de nuestra paz, también lo consideran una posibilidad de turbulencia interior. Sobre su capacidad de curación te dirán lo siguiente: «Yo ya estoy curado, y pienso y siento desde esa perspectiva».

Muchas veces verás cómo desaparecen tus enfermedades y molestias físicas en presencia de conectores de una energía excepcionalmente alta. ¿Por qué? Porque su elevada energía espiritual anula y erradica las bajas energías de la enfermedad. Al igual que la presencia de conectores te hace sentir mejor porque irradian y rezuman energía jubilosa, de valoración, tu cuerpo también se curará al estar en esa clase de campo energético.

Los conectores son conscientes de que tienen que evitar la baja energía. Se alejan tranquilamente de las personas ruidosas, belicosas y dogmáticas, les envían una silenciosa bendición y siguen su camino discretamente. No pierden el tiempo viendo programas de televisión violentos ni leyendo relatos de atrocidades ni estadísticas de guerra. Pueden parecerles sumisos o sin el mínimo interés a quienes se regodean en los horrores que aparecen en los medios de comunicación. Como los conectores no necesitan ganar, tener razón ni dominar a los demás, su poder radica en el hecho de que potencian a los demás con su presencia. Comunican sus puntos de vista manteniéndose en armonía con la energía creativa de la Fuente. Nunca se sienten ofendidos, porque su ego no interviene en sus opiniones.

Los conectores viven su vida en armonía vibratoria con el campo de la intención. Para ellos, todo es energía. Saben que mostrar hostilidad, odio o incluso enfado con las personas que creen en las actividades de baja energía, que comportan toda forma de violencia, solo contribuirá al incremento de esa actividad debilitadora en el mundo.

Los conectores viven mediante una energía más alta y más rápida que les permite tener acceso inmediato a sus poderes intuitivos. Poseen un conocimiento interior de lo que va a ocurrir. Si les preguntas, te dirán; «No puedo explicarlo, pero lo sé porque lo siento dentro de mí». Por tanto, rara vez se sienten confusos cuando se manifiestan los acontecimientos que han previsto y han dispuesto. En lugar de sorprenderse, esperan que las cosas salgan bien. Al mantenerse tan conectados a la energía de la Fuente, son capaces de activar su intención para saber lo que es posible y cómo conseguirlo. Su saber interior les permite ser infinitamente pacientes, y nunca están descontentos por la velocidad o la forma en que se manifiestan sus intenciones.

Son personas extraordinariamente creativas, que no sienten la necesidad de encajar ni de hacer las cosas como los demás esperan que las hagan. Aplican su individualidad única a las tareas, y te dicen que pueden crear cualquier cosa en la que fijen su atención y su imaginación.

Los conectores son excepcionalmente bondadosos y cariñosos. Saben que armonizar con la Fuente significa reproducir la bondad de la que surgieron. Pero para ellos no supone ningún esfuerzo ser bondadosos. Siempre se sienten agradecidos por cuanto se les presenta, y saben que la bondad para con la vida entera y nuestro planeta es la forma de demostrar la gratitud. Al ser bondadosos, los demás desean devolverles el favor y se hacen sus aliados para ayudarlos a conseguir sus intenciones. Se relacionan con un número ilimitado de personas, todas las cuales están llenas de amor, bondad y generosidad y se ayudan mutuamente a cumplir sus deseos.

También te darás cuenta de cómo ven los conectores la belleza de nuestro mundo. Siempre encuentran algo valioso. Pueden perderse en la belleza de una noche estrellada o de una rana entre los lirios. Ven belleza en los niños, y encuentran un resplandor natural en los ancianos. No sienten el menor deseo de juzgar a nadie en términos negativos de baja energía, y saben que la Fuente omnicreadora únicamente da forma material a la belleza y que siempre se puede acceder a ella.

Los conectores nunca se cansan de aprender. Indagan en la vida, y se sienten atraídos hacia toda clase de actividades. Encuentran algo de lo que disfrutar en todos los campos humanos y creativos, y amplían continuamente sus horizontes. El estar abiertos a todo y a todas las posibilidades y sus deseos de expansión caracterizan su capacidad para manifestar su deseos. Jamás le dicen un «no» al universo. Ante cualquier cosa que les envía la vida dicen: «Gracias. ¿Qué puedo aprender y cómo puedo desarrollarme a partir de lo que estoy recibiendo?». Se niegan a juzgar a nadie ni nada que les ofrezca la Fuente, y esta actitud de continua expansión es lo que en última instancia los lleva a estar en correspondencia con la energía de la Fuente, lo que les abre a recibir en su vida todo cuanto la Fuente está dispuesta a suministrar. Son una puerta abierta, que jamás se cierra a las posibilidades, lo que les hace totalmente receptivos a la abundancia que no deja de fluir.

Esa actitud que se observa en los conectores es precisamente la razón por la que parecen tener tanta suerte en la vida. Cuando estás con ellos, te sientes energizado, con un propósito, inspirado y unido. Te ves ante unas personas con las que te gusta estar porque te proporcionan energía y fuerza. Cuando te sientes con energía y fuerza, te internas en el flujo de la abundante energía de la Fuente y sin darte cuenta invitas a los demás a hacer otro tanto. No se establece la conexión únicamente con la energía de la fuente, sino con todos y todo lo que existe en el universo. Los conectores están alineados con el cosmos y con cada una de las partículas que forman parte de ese cosmos. Esa conexión hace posible y accesible la fuerza infinita de la intención.

Estas personas con un nivel de realización tan elevada piensan desde el fin, y experimentan lo que desean disponer antes de que se materialice. Sus sentimientos les sirven de indicador para saber si están sincronizados con la fuerza de la intención. Si se sienten bien, saben que vibran en armonía con la Fuente. Si se sienten mal, se sirven de ese indicador para adaptarse a niveles de energía más altos. Y, por último, ponen en práctica esos pensamientos de la intención y del bienestar como si ya se hubiera hecho realidad cuanto deseaban. Pregúntales qué puedes hacer para que tus deseos se cumplan y te dirán sin dudar; «Cambia tu forma de ver las cosas y cambiarán las cosas que ves».

Mi consejo es que intentemos reproducir ese mundo interior y disfrutar de la infinita magnificencia de la fuente de la intención.

Funciona. ¡Lo aseguro!


Wayne Dyer
Extracto del libro: El Poder de la Intención

1 comentario:

  1. Muy significativo y de gran interés el artículo,gracias por ayudarme a volver a reconsiderar los valores sumamente humanos por las que estamos en este mundo.

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