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20 Vitaminas para tu Alma

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1. Como expresión externa de tu deseo de cuidar tu alma, reserva por lo menos treinta minutos de esta semana para sentarte en silencio y escuchar. Pregúntate a ti mismo lo que necesitas para sentirte alimentado y completo. Escribe lo que oigas y consúltalo periódicamente en los meses venideros.

2. Los nutriólogos nos dicen que el desayuno es la comida más importante del día. ¿Por qué no comenzar tus días con un "desayuno para el alma"?: quince minutos durante los cuales puedas agradecer a Dios por sus bendiciones, leer libros que te inspiren, buscar consejos o pedir ayuda.

3. Da una caminata de treinta minutos con la sola idea de introducirte en tu mundo interior. Utiliza ese tiempo para identificar lo que está sucediendo dentro de ti, para encontrar la solución a algún problema, para orar o tan sólo para ser.

4. Cualquier buen diseñador gráfico sabe que rellenar demasiado una hoja hace ilegible el texto. El "espacio en blanco", el cual no tiene nada, hace que la página sea más fácil de leer y más agradable a la vista. ¿Has diseñado algún "espacio en blanco" dentro de las páginas de tu propia vida, espacios en los que puedas relajarte o absorberte en este momento? Si no lo has hecho, elimina dos actividades en tu horario, que de momento no necesites llevar a cabo. Y resiste la tentación de reemplazarlas con alguna otra actividad.

5. Date cinco minutos para irte de minivacaciones en tu imaginación. Cierra tus ojos y deja que entre a tu mente la imagen de la "huida" que te gustaría hacer a un lugar pacífico y rejuvenecedor para tu espíritu.


6. Piensa en la gente que conoces, famosa o no, viva o muerta, que te parezca tener riqueza espiritual. ¿Cuales son las cualidades que ves en tales individuos y te gustaría tener para alimentar tu propia vida?


7. Si pudieras cambiar algo en ti. ¿qué sería? La opción sería: aquello que has intentado y en lo que has fracasado. Abandónalo, no importa qué tan pequeño o grande sea. Dile a Dios que tu debilidad es su oportunidad. Pídele humildemente que cambie lo que necesite ser cambiado. Y observa su poder para hacerte perfecto en tu debilidad.


8. Piensa en algo que siempre hayas querido hacer: tomar clases de piano, ir a sorfear, almorzar con un monje, pasear en un globo aerostático, buscar oro en el lecho de un río, visitar el Tíbet; y prométete a tí mismo que encontrarás la manera de hacerlo el próximo año.


9. Acuéstate temprano y levántate a tiempo para ver el amanecer. Prepárate una buena taza de café, té o chocolate y disponte a pasar un "momento del alma". Observa al mundo cambiar de color y escucha los sonidos del despertar.


10. Piensa en algunas de las experiencias frustrantes que has tenido en las últimas dos semanas. Tal vez algo o alguien está tratando de llamar tu atención. ¿Cuál podría ser el mensaje?


11. ¿Recuerdas de cuanta diversión gozabas cuando eras un niño al utilizar unos cuantos crayones y un poco de papel para dibujar? Hacías dibujos de cosas cotidianas: tu casa, tu familia, un árbol, un verde pasto y un sol brillante en un cielo azul. Consigue una caja de crayones y un poco de papel y haz un dibujo de tu alma. ¿De qué colores es ahora? ¿De qué forma? ¿Qué te dicen tus dibujos acerca del punto donde estás en el curso de tu viaje espiritual?


12. ¿Qué te parecen tus bases diarias para estar "espiritualmente despierto"? Escribe tus pensamientos y colócalos en algún lugar a la vista para que te recuerden tu ideal.


13. Practicar la gratitud es un hábito que aumentará tu alegría y la riqueza de tu alma. Comienza cada día escribiendo algo por lo cual estás agradecido. Tómate unos breves descansos a lo largo del día para hacer una silenciosa oración de agradecimiento.


14. Dibuja un reloj en un pedazo de papel. ¿Qué hora es en tu vida? Llena las manecillas del reloj con la primera respuesta que te venga a la mente. Reflexiona un poco sobre lo que este tiempo significa para ti.


15. Haz una "Caja de Dios". Puede ser una caja de zapatos con un corte en la tapa. Escribe cada día algo por lo que estés preocupado y ponlo en tu Caja de Dios. A lo largo del día, cuando la preocupación llegue de nuevo a tu mente, recuerda que se la has dado a Dios para que se haga cargo de ella.


16. Termina esta oración de tantas formas como puedas: "Si mi alma estuviera bien cuidada, Yo..." ¿Qué beneficios puedes observar cuando pones más atención a tu alma?


17. Si no anotas en tu agenda el tiempo dedicado a estar solo y escuchar a Dios, probablemente no lo harás. Aparta media hora de tu tiempo diario y haz de tu "cita con Dios" el compromiso más importante en tu itinerario.


18. Pasa unos minutos, a las primeras horas de la noche, contemplando las estrellas. Toma tu tiempo para meditar en el poder y la destreza de un Creador que te formó a ti y a las constelaciones... y galaxia tras galaxia.


19. Piensa qué clase de espacio ansía tu alma. ¿Necesitas un pequeño y silencioso armario para esconderte? ¿Una brillante habitación llena de almohadas para recostarte? ¿La escarpada cima de una montaña que se extiende hacia el cielo infinito? Dibuja una simple imagen de tu "espacio" ideal (inclúyete en él) y llévala siempre contigo para hacer que te recuerde que está tan cercano como tu imaginación.


20. ¿Qué clase de situaciones cotidianas podrían traerte inesperados tesoros? Haz un esfuerzo extra para ser animoso en este momento y estar en sintonía con la "belleza oculta"; el adorable canto de un pájaro que está frente a tu ventana, una inesperada perla de sabiduría que fluye por los labios de un familiar, una palabra de amabilidad dicha por algún extraño.



Tracy Mullins y Ann Apangler

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