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Reconociendo al Poderoso Creador que ERES


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Por Neale Donald Walsch

Vamos a exponer con claridad por qué a tantas personas que creen en Dios y recurren a él les inquieta la idea de que dentro de todos nosotros existe un «poder» que nos permite crear nuestra propia realidad. 

Cuando tenemos que acudir a Dios (es decir, a un Dios que existe fuera de nosotros, separado de nosotros, aparte de nosotros) para solicitar ayuda en momentos de necesidad o para producir en nuestras vidas algo que deseamos con ahínco, en tales casos se da por supuesto que tenemos que obedecer las leyes de Dios para recibir una respuesta afirmativa. Tenemos que tener buenas relaciones con Dios para que Dios nos otorgue sus bendiciones. Si queremos que Dios sea bueno con nosotros, nosotros tenemos que ser buenos con Dios. Es un quid pro quo

Nos han enseñado que Dios no otorga bendiciones a los que le desobedecen, o no le hacen caso, o no acuden a El como es debido. Más aún; a esas personas, Dios no sólo no les otorgará bendiciones, sino que las castigará con la condena eterna. Hará que se quemen en los fuegos eternos del infierno. 

Pero si tenemos dentro de nosotros  el poder de crear lo que queremos, eso significa que no tenemos que ser buenos para conseguirlo. En resumen, no es necesario que obedezcamos la Ley de Dios si podemos servirnos de la Ley de Atracción y de la Creación Personal. De este modo despojamos de su poder a las personas que pretenden decirnos lo que ES la Ley de Dios. 

Esta última frase da a entender unas consecuencias inmensas. Y lo han sido, en efecto, a lo largo de la historia humana. Y por eso, a lo largo de la historia humana, los que han pretendido decirnos lo que es la Ley de Dios han metido en la cárcel a los que han pretendido decirnos que el Reino del Cielo está dentro de nosotros... y en muchos casos los han matado. 

Existe un punto en el que cabe esperar que concuerden todas las religiones del mundo. Quizá no concuerden en todo, pero puedo asegurarte que la mayoría concordarán en esto: en que el poder de controlar tu propia realidad, de ser más feliz que Dios, de crear riquezas, fama, amor y alegría en tu vida (cuánto más la paz en la tierra) no está dentro de ti, y en que imaginarte que sí lo está es un acto de soberbia peligroso para el espíritu. 

Dios controla tu vida según Su Voluntad, y tu misión consiste en obedecer la Voluntad de Dios, someterte a la Voluntad de Dios, hacer lo que Dios manda y, si quieres algo para ti, esperar, suplicar y pedir en tus oraciones que sea Voluntad de Dios que lo recibas. 

Aquí se encierra otra amenaza, desde el punto de vista de la religión. Cuando acudimos a Dios en busca de ayuda, o le pedimos que cree lo que nosotros deseamos con ansia, no tenemos ninguna garantía de que Dios lo haga así, ni siquiera cuando  sí  estamos obedeciendo la Ley de Dios. Hasta a la gente buena, hasta a la gente maravillosa, no se les cumple lo que piden en sus oraciones. Y cuando estas personas preguntan por qué, cuando acuden a sus sacerdotes, a sus rabinos y a sus ulamas y les preguntan:  ¿Por qué no me ha otorgado Dios lo que he pedido? ¿Acaso no he sido un siervo bueno y fiel?, les responden: «Los caminos del Señor son misteriosos. A ti no te corresponde preguntar, sino aceptar».

Sin embargo, se dice que la Creación Personal funciona sin falta. Dios puede decir que «no», pero la Creación Personal sólo dice que «sí». Siempre produce resultados. No es más que una cuestión de dónde pones tu atención, de qué es lo que sientes con mayor fuerza. 

En esto consiste la gran amenaza de la Creación Personal, y por eso se ha tenido oculta tras un velo. 

Mientras pensemos que Dios puede decir que «no» a cualquiera de nuestras peticiones, estaremos dispuestos a hacer cualquier cosa que creamos necesaria (o cualquier cosa que nos digan que es necesaria) para hacer que Dios diga que «sí». Y así es como ejerce la religión su control, pues es la religión la que nos dice lo que debemos hacer para que Dios nos diga que «sí». 

La Creación Personal, por su parte, responde con un «sí» a todas las peticiones; y todo pensamiento, toda palabra, todo acto, son una petición. 

Si este proceso funciona de verdad, se ha puesto en nuestras manos un poder creador extraordinario. A algunas religiones organizadas les parece que se trata de un poder excesivo para que ellas sigan pudiendo justificar sus dogmas, sus doctrinas, sus decretos y sus decisiones. 

Así pues, si intentas «crear» algo  por tu libre albedrío, puede que te acusen de apostasía, que es un acto de rebeldía semejante al de Satanás, pues también Satanás (según nos dicen los religionistas), con su soberbia, quiso tener el Poder de Dios, hacerse igual a Dios, ser tan glorioso como Dios, y por ello fue expulsado del cielo y condenado al tormento eterno de la separación de lo Divino, en compañía de los reprobos que fueron enviados con él al infierno por su maldad. 

El verdadero peligro de la Creación Personal es que supone concebirnos a nosotros mismos de una manera nueva... y concebir a Dios de una manera nueva. 

Jesús de Nazaret nos invitó a hacer estas dos cosas increíbles, y por ello lo crucificaron.

Nos dijo que nos concibiésemos de una manera nueva  y que concibiésemos a Dios de una manera nueva. No lo dijo con estas palabras, pero lo que dijo significaba esto mismo exactamente. Y también dijo otras cosas que desvelaban muy directamente la Gran Verdad. 

Las ideas que comunicó Jesús a las gentes de su época cayeron en su mundo como un rayo. Iba por ahí diciendo cosas tales como: «Pedid, y se os dará; llamad, y se os abrirá. Pues todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y  al que llama, se le abrirá». 

Está claro que la Creación Personal es esto justamente. Es, precisamente, lo que intentaron contarnos hace muchos años maestros como Émile Coué y el reverendo doctor Norman Vincen Peale y Harold Sherman. Es precisamente lo que intentan decirnos (desde hace ya muchos años) Esther y Jerry Hicks; es lo que nos enseña Wayne Dyer y lo que ha expresado Conversaciones con Dios de una manera tan apasionante y accesible, y lo que nos han animado a aceptar muchos maestros y mensajeros durante cientos de años.

Es verdad que no todos los mensajeros que han hablado de la Creación Personal a lo largo de los años han dejado claro que lo que estamos utilizando es el poder de Dios. Pero Jesús sí que lo dejó claro. Dijo: «¿Quién entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más dará cosas buenas vuestro Padre, que está en los cielos, a quien se las pide?». 

Aquí tenemos, por tanto, el eslabón perdido.
  
Como ya hemos comentado, algunas personas que han oído hablar de la Creación Personal la han criticado, considerando que incita a los seres humanos a que se valgan por sí mismos excluyendo a Dios. En realidad, los maestros mensajeros están incitando a los seres humanos a que se valgan por sí mismos incluyendo a Dios. 

A pesar de todo, a estos críticos no les falta razón en cierto sentido, pues a muchas personas no se les ha dicho una cosa muy importante. No se les ha dicho que... 

La Ley de Atracción es uno de los grandes Principios de la Vida, y estos principios son el Proceso de Dios. 

No se les ha dicho que... 

Emplear la Ley de Atracción no es más que otra manera de emplear a Dios. 

Cuando has entendido este proceso y su funcionamiento, ya no tienes que preocuparte de nada. Jesús lo dijo bien claro. ¿Recordamos sus palabras?

«No os desveléis, diciéndoos "¿qué comeremos?" o "¿qué beberemos?" o "¿con qué nos vestiremos?". Buscad primero el reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura.» 

Los religionistas pueden exclamar aquí:  «¡Ajá! ¡Ahí lo tienes! Jesús anunció abiertamente que la cuestión era acudir a Dios. ¡Nada de acudir a ti mismo!. Jesús dijo: "Buscad primero el reino de Dios"». 

Te puedes imaginar, por tanto, cuánto les puede molestar que se les señale que Jesús dijo también muchas veces: «El reino de Dios está dentro de vosotros».

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