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¿Te Sientes Demasiado Viejo para Triunfar?


¿Te Sientes Demasiado Viejo para Triunfar? ¿Sabes a qué edad comenzó a hacer mucho dinero Ray Kroc, el propietario de la cadena MacDonald? Después de los cincuenta años. Quizá te sorprenda, pero una cosa es cierta: si a los 45 años él hubiera abandonado, si hubiera dejado de soñar y de creer en su buena estrella, no sólo jamás habría llegado a ser una persona conocida, sino que jamás se habría hecho rico. Su ejemplo resulta elocuente, sobre todo para aquellos que consideran que, pasada una cierta edad, las probabilidades de éxito son nulas. 

Por desgracia, hay muchas personas aún jóvenes y fuertes que piensan que son demasiado viejas para triunfar. Tienen la impresión de que no había nada más que un tren y lo han perdido. Además, ésta es un poco la reacción de la gente ante un éxito tardío, como el de Ray Kroc. Este último confía en su autobiografía, que coloca la perseverancia ante todo, incluso antes que el talento y el genio: 

“La gente se quedaba maravillada de que no hubiera comenzado McDonald antes de los 52 años y de que alcanzara el éxito de un día para otro. Pero yo era simplemente como muchas de esas personalidades del mundo del espectáculo que hacen su número en la sombra durante años hasta que un día, de pronto, se les presenta la oportunidad y les llega la gloria. Así fue exactamente mi éxito, de un día para el otro; ¡mis treinta años de preparación representan una noche larguísima!” 

Una investigación realizada por Napoleón Hill entre miles de hombres estableció que la mayoría de ellos comenzaron realmente a hacer dinero a partir de los cuarenta años. Entonces, que se tranquilicen los que tienen esa edad y aún no han triunfado. Quizás sea precisamente éste el momento de comenzar a recoger los frutos de sus esfuerzos anteriores.  

¿Y las vicisitudes de la edad? Objetarás tú. La enfermedad, por ejemplo, ¿no es un obstáculo para el éxito? Por supuesto, puede serlo en cierta medida. Pero permítenos citar de nuevo a Ray Kroc. Su confesión es extremadamente emocionante y dará renovado coraje a mucha gente. 

“Al volver a Chicago ese día fatídico de 1954, llevaba en el portafolio un contrato recién firmado por los hermanos McDonald. Yo era un veterano cubierto de cicatrices, secuelas de la guerra de los negocios, y sin embargo estaba impaciente por entrar en acción. Tenía 52 años, era diabético y sufría un principio de artritis. En campañas anteriores había perdido mi vesícula biliar y la mayor parte de la glándula tiroides. PERO ESTABA CONVENCIDO DE QUE TODAVÍA TENÍA POR DELANTE LOS MEJORES AÑOS DE MI VIDA.” 

Antes de que te digas a ti mismo que eres demasiado viejo para triunfar o que padeces de problemas de salud realmente serios, relee al menos una vez esta cita. Actuará a la manera de un tónico. Ray Kroc murió a los 75 años y vivió activo hasta la víspera de su fallecimiento. 

El trabajo no mata. El ocio sí suele ser mortal, como lo demuestran las muertes de los que se jubilan antes de tiempo. Además, hay numerosos casos de hombres y mujeres que han emprendido tardíamente una segunda o tercera carrera muy lucrativa, a veces la más lucrativa de su vida. 

Jamás creas que eres demasiado viejo. No le des la espalda a tu porvenir. No importa tu edad, aunque sea muy avanzada; para repetir la vieja fórmula, CADA NUEVO DÍA DEBE SER EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA. 

Vista desde éste ángulo, la edad se torna un factor secundario. Los años que has vivido, las experiencias que has acumulado, incluso si algunas han sido fracasos, son una herencia cuyo valor tal vez estés subestimando. 

En el best seller internacional de Og Mandino “El vendedor más grande del mundo” hay un fragmento inspirado que toca este tema: 

“Viviré este día como si fuera el último.” 

“¿Y qué haré de este precioso día que me queda de vida? Ante todo, sellaré éste contenedor para que no se pierda en la arena ni una sola gota de vida. No desperdiciaré ni un momento de este día lamentándome por las desgracias de ayer, los errores de ayer, los tormentos de ayer. Pues, ¿acaso el bien no sale del mal?” “¿Puede la arena subir en el reloj de arena? ¿Puede el sol levantarse donde se pone? ¿Y ponerse donde se levanta? ¿Pueden borrarse y corregirse los errores del ayer? ¿Puede cicatrizar la herida de ayer y tornarse salud? ¿Puedo ser más joven que ayer? ¿Puedo anular las palabras malas que se dijeron, los golpes que se asestaron, los sufrimientos que se infligieron? ¡No! El ayer yace sepultado y jamás pensaré más en él.” 

“Viviré este día como si fuera el último de mi vida.” 


Charles-Albert Poissant & Christian Godefroy

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