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El Secreto de la Lotería Parte 2


Por Enrique Nieto

Concentración mental para ganar la Lotería

Por otro lado, es posible "influenciar" el mundo físico por medio de la concentración o enfoque mental para lograr ciertos resultados deseables. En este sentido, me gustaría transcribir una anécdota del escritor mexicano Rodolfo Benavides que nos dará una muestra de lo que la mente humana puede hacer.

En el año de 1947, vino a la ciudad de México un señor procedente de la ciudad de Los Ángeles  California, E.U., que se decía ser profesor en ciencias ocultas. Este señor decía que había descubierto un sencillo procedimiento, dentro de la ley, para ganar la lotería.

Pidió que se reunieran varias personas, menos de veinte, con ciertos conocimientos sobre concentración mental y la capacidad para poner la mente en blanco.

Desde un principio me invitaron a participar en el experimento, que prometía premios fabulosos, en dinero efectivo, con la conciencia completamente tranquila.

Desde el primer momento, el profesor se hizo cargo de la enseñanza, el método y el sistema que todos deberíamos seguir. El anfitrión se hizo cargo de la organización del grupo y de la colecta del dinero con que se comprarían los billetes de lotería.

Así las cosas, nos reunimos desde la primera noche, en una casa de barrio, muy retirada del centro de la ciudad y de mi domicilio, lo cual me resultaba sumamente molesto, y a la larga, como se verá, se convertiría en otro de los impedimentos para que yo pudiera terminar el experimento.

El profesor explicó lo que es la resonancia y lo que se puede lograr mediante la concentración mental, sabiéndola proyectar. Como final de su charla, explicó que con sus procedimientos nos podríamos sacar un gran premio de la lotería y, después del primero, otros muchos que serían distribuidos en proporción a la inversión de cada uno de los que aportaran dinero para la compra del billete.

Esta parte de la charla no fue acogida con mucho entusiasmo; pero, en fin, se juntó algo de dinero, mismo que entregaron al dueño de la casa. Los que no dieron nada, pero que se comprometieron a dar después, ya no volvieron nunca a esas reuniones.

Y empezó el primer ejercicio. Pidió que se dijera si alguno de los presentes ya tenían en mente algún número para jugarlo en la lotería. El profesor, desde luego, ya llevaba el suyo. 

En la siguiente reunión, se puso, desplegado, el billete para que todos fijaran en su mente el número, y lo estuvieran recordando constantemente. Luego, se citó a todos para la noche del sorteo. Una vez reunidos, el profesor pidió silencio, orden y concentración mental, todo ello difícil, pues todos estaban movidos por intensa emoción. Se sentían ya ricos, muy ricos; no creían que aquello pudiera fallar después de todo lo que el profesor les había hablado.

Lo que el profesor pedía era que todos pusieran la mente en blanco por algunos segundos y, luego, poner en ese blanco el número del billete, de manera fija, estable, sin variaciones. El siguiente paso era, con los ojos cerrados, intentar reproducir en la mente las bolitas de la lotería con el número, mirándolas caer en el sitio de donde las tomarían para después conocer el monte del premio.

Terminó el experimento. Algunos de los presentes aseguraron haber logrado la concentración, otros dijeron estar demasiado agitados, razón por la que no lograron nada.

Claro que no se dispuso de mucho tiempo, puesto que los sorteos son a fecha y hora fijas, así que hubo que acelerar todo lo posible. Eso es un impedimento para el logro de la concentración efectiva.

Cuando todo terminó, cuál más cuál menos nos sentíamos enfermos de tanto esfuerzo, sin estar seguros de que hubiera sido suficiente. Y en ese primer intento... no salió ningún premio.

Sin abandonar el número, se siguió con la concentración mental en cada sorteo; pero éstos eran tres por semana y había que comprar siempre el billete entero. Estaba resultando ser una renta muy gravosa. No salía ningún premio. En varios sorteos, ni siquiera salía un reintegro que aliviara un poco la tensión nerviosa.

Estos repetidos fracasos produjeron deserciones, que el profesor cada vez aplaudió asegurando que eso demostraba la falta de fe y firmeza. Quizá estuvo bien que muy al principio algunos se fueran; pero sucedió que quienes nos quedábamos teníamos que seguir comprando el mismo billete, en los tres sorteos de la semana, y eso significaba que entre menos fuéramos, mayor tendría que ser la aportación. Las deserciones fueron en aumento, el grupo se hizo cada vez más pequeño, hasta que también yo ya no quise aportar lo que me correspondía. Tampoco podía estar haciendo esa larga travesía por la ciudad, casi a diario, para regresar a mi domicilio a eso de la medianoche.

En fin, el grupo se redujo a seis personas, quienes heroicamente se sostuvieron haciendo la inversión, que sólo una que otra vez se recuperó al salir un reintegro o un premio muy pequeño.

Finalmente llegó el gran día: salió un premio de 25 000 pesos, que en aquél entonces tal vez era el equivalente a más de 20 000 dólares actuales.

Por fortuna, yo me enteré de eso tres meses después y, por ello, no entré en el alboroto. Digo por fortuna, porque, todo el que había dado un centavo fue a reclamar su parte, y los que habían quedado hasta el final exigían que nada más entre ellos se distribuyera el premio.

El profesor, según me dijeron, intentó explicarles a todos que esa era una actitud negativa y perjudicial, que era mejor dejar todo el dinero como fondo para seguir comprando nuevos billetes, en espera de nuevos y mayores premios; pero nadie le hizo caso y no se encontró fórmula de arreglo. Cada cuál exigía lo que alegaba ser suyo, y así fue como terminó aquél experimento y el profesor se regresó a Los Angeles.

Este relato, aunque un tanto chusco, nos demuestra que sí es posible obtener resultados favorables para obtener un premio de lotería por medio de la concentración mental. Más, sin embargo yo me pregunto al meditar sobre esta anécdota: ¿Para qué tratar de "influenciar" la aparición de ciertos números y perder tiempo, dinero y energías tratando de hacerlo cuando dentro de ti ya existen todas las respuestas? ¿Para qué tratar de que aparezca cierta combinación de números en un sorteo de lotería si tu subconsciente ya sabe en este mismo instante la combinación ganadora del próximo sorteo?

¿Captas la idea?


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