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Hogar Sano


Algo que pocos saben y los que lo saben lo olvidan es que: Absolutamente todo tiene vida. Primero es una idea, luego una visión mental y al unirse a un sentimiento, formamos eso que se conoce, con el nombre de creación. La creación es algo que tú o alguien crea, algo que se manifestará, que se materializará a la larga, tarde o temprano, pues tú lo has hecho con tu mente y tu sentimiento. Desde que la idea nace en ti hasta que se vuelve una manifestación, o mejor dicho, una realización, tú la estás construyendo en los planos invisibles y para eso estás usando tu preciosa energía que es un don de Dios en cada ser, y que no es otra cosa que vida inteligente. 

En Metafísica llamamos una entidad a toda cosa que manifiesta su existencia en cualquier plano. Una entidad está viva, oye, siente y responde: no existe nada inanimado. Todo es energía, así esté aparentemente estático, inmóvil; es una entidad sin raciocinio pero que obedece al impulso que la creó. Así pues, tienes que tener mucho cuidado, estar en todo momento consciente de lo que dices, de lo que sientes, dentro de tu casa, porque allí estás creando el Espíritu de tu casa, el que la va a dirigir, a gobernar, a formar el ambiente que va a reinar dentro de esas cuatro paredes y bajo ese techo que te cobija a ti con tu familia. Y no sólo tú, sino los demás habitantes del recinto deben tener el mismo cuidado.

Dice el Maestro Kuthumi -Instructor Mundial- que el Espíritu de la casa, o sea el hogar de cada uno, es una Entidad Viviente, respirante, con una conciencia y una evolución propias, controlada y afectada por las vidas que moran dentro de su aura.

Ella, tu casa, ríe cuando tú ríes. Llora cuando tú lloras. Es feliz o triste, según las circunstancias. Ella responde a tu amor, a tus cuidados, a tu interés por ella; o decae, se desanima, se deteriora, si la abandonas, la descuidas o la desprecias.

¿No has notado la vibración de las casas cuando entras? Si no lo has notado, comienza a darte cuanta. Aquella donde ha ocurrido una tragedia, o un crimen, exhala una expresión lúgubre, pesada. Allí en donde hay un moribundo, se siente el vaho de la muerte. En cambio hay casas que se sienten alegres, exhalan simpatía, atraen; casas en donde no sientes deseos de despedirte, donde se te hace difícil retirarte.

Es muy provechoso que ames a tu casa. Bendícela, alábala, enumerando sus ventajas y comodidades y lo agradecido que te sientes con Dios por habértela proporcionado.

Cuando vas a estrenar una casa recién construida, o cuando vas a ocupar alguna casa que ya ha tenido otros inquilinos, y en este caso con más razón, después de asearla concienzudamente, prepara una cubo de agua limpia y pásale el trapeador con esta agua, por todos los pisos, mientras vas diciendo:

Casa de jerusalén, donde Jesucristo entró. Al punto el mal salió y a la vez entraba el bien, así quiero yo también, que el mal se aleje de aquí y que venga el bien. Amén. Paz Cristo. Cristo Paz. Paz Cristo. Y así es.

Es bueno poner floreros con flores naturales en la casa, especialmente nardos cuyo aroma atrae a los Ángeles. Evita decir malas palabras.

Mucho, pero mucho cuidado con lanzar maldiciones de ningún género de malos deseos contra alguien, pues estas expresiones adquieren vida, no son felices, se transforman en entes que nos pertenecen y después se vuelven contra quienes los crearon y les hacen daño.

Una casa en donde todo el mundo exprese amor, donde todos reconocen su hermandad con toda la humanidad, aceptando que Dios es Uno solo y es el Padre de toda cosa viviente. Una casa donde se trata a los animales y a las plantas con Amor, donde se demuestra este Amor a la Obra de Dios con hechos y con palabras, siempre será una casa próspera y feliz.

Haz de tu casa un nido dichoso para todo el que habite en ella, y aún para los que la visiten, que sientan la felicidad rodeándolos, penetrándolos, adueñándose de su cuerpo emocional.


Bendición para una casa

Bendícenos Señor y a esta casa también, en tiempo de ansiedad y de alegría. 

Benditos sean los amigos que entran y las ventanas que se abren al cielo. El techo y las paredes que protegen del mundo y de los rigores del tiempo. 

Señor, haz de mi casa una mansión de Amor y belleza perdurables, un lugar cómodo y amistoso. Que pláticas amigables resuenen en estos cuartos y los amigos se queden a compartir sonrisas y canciones. 

¡Bendice estos cuartos para el trabajo y el juego! 

¡Oh! Deja que mi casa sea alegre y a veces quieta como un foco de Luz. 

Acompáñanos Señor, día y noche. 

Bendice nuestra labor y el descanso; nuestro despertar y nuestro dormir bendice. 

En el placer y en las ansiedades grandes y pequeñas. ¡Señor! Bendice esta casa y a los que viven en ella. 

Gracias.


Susan White

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