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Seis Claves Secretas para una Salud Radiante y una Vida Plena (Parte 6)


6. Acabar con el mito de las proteínas. 

Dice la voz popular que basta repetir algo muy a menudo y chillando mucho para que no falte quien lo crea, aunque sea la mayor mentira del mundo. ¿No es cierto? Pues bien venidos al maravilloso mundo de las proteínas. Nunca se dijo mentira más grande que ésa de que el ser humano necesita una dieta fuerte en proteínas para conservar la salud y un bienestar óptimo. 

Usted ya sabe, sin duda, si toma pocas o muchas proteínas, a diferencia de lo que ocurre con otros nutrientes. ¿Cómo es eso? Algunos creen que las necesitan para aumentar su resistencia física; otros, para disponer de más energía; otros están convencidos de que refuerzan los huesos. En cada uno de estos tres casos, el efecto de un exceso de proteínas es exactamente el contrario. 

Vamos a buscar un criterio acerca de cuántas proteínas necesita verdaderamente el ser humano. ¿Cuándo tenemos más necesidad de proteínas? Sin duda, durante la infancia. La madre Naturaleza suministra un alimento, la leche materna, que le proporciona al niño todo lo que le hace falta. A ver si adivina cuántas proteínas contiene la leche materna. ¿Un 50, un 25, un 10 por ciento? Demasiado. En la leche de la madre, el recién nacido encuentra un 2.38 por ciento de proteínas, que se reduce a un 1.2-1.6 por ciento seis meses más tarde. Eso es todo. Así que, ¿de dónde ha salido la idea de que el organismo humano necesita grandes cantidades de proteínas?

En realidad, nadie sabe exactamente cuántas proteínas necesitamos. Tras diez años de estudios sobre las necesidades proteínicas del hombre, el doctor Mark Hegstead, que fue profesor de dietética en la Facultad de Medicina de Harvard, confirma que, por lo visto, los humanos se adaptan a cualquier nivel de proteínas que contengan los alimentos a su alcance. Otros especialistas, como Francés Lappé, autora de Dieta para un planeta pequeño, que durante casi una década ha promovido la idea de combinar alimentos vegetales para obtener todos los aminoácidos esenciales, reconocen ahora que estaban equivocados, que el ser humano no necesita combinar proteínas y que cualquier dieta vegetariana suficientemente equilibrada basta para suministrar todas las que hacen falta. La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos dice que el adulto norteamericano necesita 56 gramos de proteínas al día. En un estudio hecho por la Unión Internacional de las Ciencias de la Nutrición hallamos que el adulto humano de cualquier país tiene unas necesidades proteínicas comprendidas entre 39 y 110 gramos al día. De manera que, ¿quién lo sabe realmente? ¿Para qué necesitamos todas esas proteínas? Es de suponer que para reponer pérdidas. Pero la cantidad que se pierde diariamente a través de las funciones excretora y respiratoria es muy pequeña, de manera que ¿de dónde han sacado esas cifras? 

Nos hemos puesto en comunicación con la Academia Nacional de Ciencias y les hemos preguntado cómo calcularon esa cifra de 56 gramos. En realidad, las publicaciones de esa institución dicen que sólo necesitamos 30 gramos, pero recomiendan 56. Ahora también afirman que un exceso de proteínas supone un sobreesfuerzo para el aparato urinario y produce fatiga. Entonces, ¿por qué recomiendan más de las que, según calculan ellos mismos, se necesitan? Todavía estamos esperando una contestación convincente, ya que, según nos aseguraron, antes recomendaban hasta 80 gramos y hubo grandes protestas públicas cuando decidieron rebajar la cifra. Protestas, ¿por parte de quién? ¿Fue usted quien llamó para quejarse? ¿Fui yo? Ni lo uno ni lo otro. Los que protestaron fueron los intereses creados, los que se ganan la vida vendiendo alimentos y productos de elevado contenido en proteínas. 

¿Cuál es la mejor idea de ventas que pueda concebirse en el mundo? Creo que la de convencer a los usuarios de que su vida peligra si no usan nuestro producto. Eso fue, precisamente, lo que ocurrió con las proteínas. Vamos a analizar detenidamente esa idea. Veamos en primer lugar eso de que suministran energía. ¿De dónde saca su energía el organismo? En primer lugar, de la glucosa que extrae de las frutas, las verduras y las legumbres. Luego se consume el almidón de las féculas, y luego las grasas. Las proteínas no intervienen para nada en el consumo energético. Así que adiós a esa parte del mito. ¿Y aquello de que las proteínas sirven para adquirir resistencia física? Un error. El exceso de proteínas le suministra al cuerpo un exceso de nitrógeno, lo cual produce la fatiga. Los adeptos del culturismo, que se atiborran de proteínas, no destacan precisamente por su fondo físico. Se fatigan en seguida. En cuanto a que las proteínas refuercen los huesos, conviene subrayar que se ha establecido una relación entre el consumo excesivo de proteínas y la osteoporosis, es decir el reblandecimiento y debilitamiento de los huesos. En todo el mundo son los vegetarianos quienes tienen los huesos más fuertes. 

Podrían citarse miles de razones por las cuales el consumo de carne, como principal fuente de proteínas, es una de las peores equivocaciones en que se pueda caer. Por ejemplo, uno de los subproductos de la asimilación de las proteínas es el amoníaco. Centrémonos en dos puntos en particular. El primero, que la carne contiene niveles elevados de ácido úrico. El ácido úrico es uno de los productos de desecho resultantes de la actividad celular y que el organismo debe eliminar. Los riñones extraen el ácido úrico del torrente sanguíneo y lo envían a la vejiga como componente de la orina. Si no se eliminase de la sangre el ácido úrico, el exceso se acumularía en los tejidos del organismo produciendo la gota o los cálculos de la vejiga (por no hablar de lo que puede pasarles a los riñones mismos). Los enfermos de leucemia suelen presentar niveles muy altos de ácido úrico en la sangre. Una ración normal de carne contiene un gramo de ácido úrico. El organismo no puede eliminar más de unos setecientos miligramos de ácido úrico al día. Por otra parte, ¿sabe usted qué es lo que le da el sabor a la carne? Pues el ácido úrico de ese animal muerto que está usted consumiendo. Si no lo cree, pruebe a comer carne kosher (de reses sacrificadas con arreglo al rito judío) sin los condimentos que se le añaden habitualmente: al desangrar la carne se elimina la mayor parte del ácido úrico y la carne queda insípida. ¿De veras quiere atiborrar su organismo con el ácido que normalmente los animales eliminan a través de la orina? 

En la carne, además, proliferan las bacterias de la putrefacción. Por si no supiera usted cuáles son esas bacterias, se trata de los gérmenes que habitan en el colon. Como explica el doctor Jay Milton Hoffman en su libro El eslabón perdido de la carrera médica: la química de los alimentos en su relación con la química del organismo: 

Mientras dura la vida del animal, los procesos osmóticos del colon evitan que las bacterias de la putrefacción invadan el organismo. Pero cuando el animal muere, el proceso osmótico cesa y las bacterias de la putrefacción atraviesan las paredes del colon invadiendo la carne, que así se pone en sazón. 

Como ya sabe usted, la carne ha de ponerse tierna; pues bien, lo que la pone en sazón son precisamente esos gérmenes. Otros expertos han dicho sobre este tema: 

Las bacterias de la carne son de carácter idéntico a las que habitan en el estiércol; en realidad, abundan más en algunas carnes que en el estiércol fresco. Todas las carnes se infectan con tales gérmenes durante las operaciones de la matanza, y éstos proliferan tanto más cuanto más tiempo permanezca almacenada la carne.

¿De veras le apetece comer eso? 

Si realmente no puede prescindir de la carne, le aconsejo que tome las precauciones siguientes. En primer lugar, que el producto proceda de reses criadas en pastos naturales, no con piensos a los que se añaden hormonas para el crecimiento. En segundo lugar, que limite drásticamente el consumo. Redúzcalo a una sola vez al día. 

Con esto no digo que sólo con abstenerse de comer carne vaya a tener garantizada la salud, ni tampoco que no pueda estar sano mientras coma carne. Ni lo uno ni lo otro sería cierto. Muchos carnívoros tienen más salud que algunos vegetarianos, sencillamente porque estos últimos tienden a creer que, como no comen carne, pueden tragar cualquier cosa que se les antoje. Y eso tampoco lo recomiendo, naturalmente. 

Sin embargo, le conviene saber que podría vivir más sano y feliz que hasta hoy, simplemente absteniéndose de devorar la carne y la piel de otros seres vivos. ¿Sabe en qué coincidieron Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Voltaire, Henry David Thoreau, George Bernard Shaw, Benjamin Franklin, Thomas Edison, el doctor Albert Schweitzer y Mahatma Gandhi? Todos ellos fueron vegetarianos. No es mal grupo de ejemplos para «modelar», ¿verdad? 

¿Son mejores los productos de granja? En algunos aspectos, resultan incluso peores. La leche de cada especie animal contiene, correctamente equilibrados, los elementos que convienen a esa especie en particular. Beber la leche de otros animales, incluso la de la vaca, puede originar muchos problemas. La leche de vaca contiene, por ejemplo, poderosas hormonas de crecimiento, ya que el ternero, que pesa 40 kilos al nacer, ha de convertirse en un animal adulto que pesará 450 kilos sólo dos años después. En comparación, el humano recién nacido con 3 o 3.5 kilos no alcanza la madurez física y el peso definitivo —digamos entre 50 y 90 kilos— hasta veintiún años más tarde. Hay una gran controversia sobre los efectos de ese hábito en nuestra población. Según el doctor William Ellis, gran autoridad en productos de granja y sus efectos sobre la circulación sanguínea, no hay nada como beber leche para contraer alergias y taponar el sistema. El motivo es que pocos adultos pueden metabolizar adecuadamente las proteínas que contiene la leche de vaca. La principal de ellas es la caseína, necesaria para el buen metabolismo del ganado vacuno. Pero no les hace ninguna falta a los seres humanos. Según sus investigaciones, tanto los niños como los adultos digieren la caseína con gran dificultad; en los niños, al menos, un 50 por ciento de la caseína no se digiere. Las proteínas parcialmente digeridas pasan a menudo al torrente sanguíneo e irritan los tejidos, provocando la susceptibilidad a los alérgenos. Por último, el hígado se encarga de eliminar esas proteínas de vaca parcialmente digeridas, lo que quiere decir que todo el sistema excretor funciona innecesariamente sobrecargado, y el hígado en particular aún más. En cambio, la lactalbúmina, que es la principal proteína de la leche humana, la digieren fácilmente las personas. En cuanto al consumo de leche por el calcio que contiene, Ellis afirma que después de realizar más de 25.000 análisis de sangre halló que los niveles más bajos de calcio correspondían a personas con la costumbre de tomar tres, cuatro o cinco vasos de leche al día. 

Según Ellis, quien se preocupe por si asimila o no calcio suficiente debe tomar verdura en abundancia, manteca de sésamo o frutos secos, todo lo cual es muy abundante en calcio y lo presenta en una forma que facilita su incorporación. Por otra parte, conviene tener en cuenta que un exceso de calcio podría acumularse en los ríñones y dar lugar a la formación de cálculos renales. Por eso, y para mantener relativamente baja la concentración de dicho elemento en la sangre, el organismo elimina aproximadamente un 80 por ciento del calcio que ingerimos. No obstante, si nos preocupa mucho el calcio no es indispensable acudir a la leche. Los nabos, por ejemplo, a igualdad de peso contienen el doble de calcio que la leche. Según muchos entendidos, de todas maneras, en la mayor parte de los casos esa preocupación por el calcio es infundada. 

¿Cuáles son los principales efectos de la leche en el organismo? Se convierte en una masa espesa, irritante, que se endurece en el intestino delgado y se adhiere por todas partes, obstruyéndolo, lo cual dificulta en gran manera el funcionamiento del organismo. ¿Y en cuanto al queso? No es más que leche concentrada; recordemos que se necesitan entre ocho y diez litros de leche para fabricar un kilo de queso. Su contenido graso, por sí solo sería un motivo suficiente para limitar el consumo. Si no puede prescindir del queso, limítese a echar un poco, cortado en dados, en una gran ensalada. La abundancia de alimentos ricos en agua contrarrestará un poco el atascamiento debido al queso. A algunos, eso de prescindir del queso les parecerá terrible. Adiós a la pizza, adiós al brie. ¿El yogurt? Es igualmente nefasto. ¿El helado? No es cosa que le ayude a estar en su mejor forma. Pero no hace falta renunciar por completo a tan exquisitos sabores y sensaciones. Meta unos plátanos en el congelador y páselos luego por la batidora; obtendrá un postre de sabor y frescor totalmente idénticos a los del helado, pero más sano y nutritivo. ¿Y qué decir del requesón? ¿Sabe usted qué echan en el requesón la mayoría de las granjas como espesante? Pues yeso mate (sulfato calcico). No es broma. En los Estados Unidos está admitido según las normas federales, excepto en el estado de California. ¿Puede usted imaginarse haciendo sacrificios para limpiar y despejar la circulación sanguínea... y llenársela luego de yeso? 

¿Por qué no se han sabido antes esas cosas acerca de los productos de granja? Por muchos motivos, algunos de los cuales tienen que ver con la educación y con sistemas de creencias ya superados. También podría tener algo que ver el hecho de que estemos gastando (de que el Gobierno federal esté gastando) unos 2,500 millones de dólares al año en financiar los excedentes de productos lácteos. Más aún, según el New York Times (18 de noviembre de 1983), la última estrategia de la Administración consiste en una gran campaña pública de promoción de los lácteos para fomentar su consumo, aunque dicha campaña choque directamente con otras campañas institucionales para advertir contra los efectos perniciosos de un consumo excesivo de grasas. Los almacenes de la Administración están abarrotados actualmente con 231 medio millón de toneladas de leche en polvo, 150.000 toneladas de mantequilla y 400.000 toneladas de queso. Quisiera hacer constar que esto no es una crítica contra la industria de los lácteos; creo que los granjeros figuran entre las personas más laboriosas de todo el mundo. Pero eso no significa que yo vaya a consumir sus productos si opino que no me ayudan a mantener mi mejor forma física. 

En otros tiempos, mis hábitos solían ser los que quizá tenga usted ahora mismo. La pizza era mi plato favorito. Me creía incapaz de dejarlo. Pero como me encuentro mucho mejor desde que lo hice, ni en un millón de años será probable que vuelva a tomarla. La diferencia es tanta, que tratar de describirla sería como querer explicar el perfume de una rosa a quien no las haya olido jamás. Tal vez debería usted oler esa rosa antes de pronunciarse sobre la cuestión. Trate de suprimir la leche y limitar su consumo de los demás lácteos durante treinta días, y juzgue por los resultados que observe en su organismo. 

Ahora bien, ¿no vale la pena poner a prueba todos los principios antes de decidir sobre ellos? Ensaye los seis principios o claves de la salud vital. Ensáyelos durante los próximos veinte o treinta días, o durante toda la vida, y juzgue por sí mismo si producen niveles más altos de energía y una sensación de vitalidad que le ayudará en todo cuanto emprenda. No obstante, procede aquí una pequeña advertencia. Si comienza usted a respirar más eficazmente, de una manera que estimule el sistema linfático, y si empieza a combinar correctamente los ingredientes de su alimentación y a ingerir alimentos con un 70 por ciento de agua, ¿qué puede ocurrir? ¿Recuerda lo que dice el doctor Bryce sobre el poder del agua? ¿Ha visto alguna vez un incendio en un edificio que tenga una sola salida de emergencia? Todo se precipita hacia la salida. Pasa lo mismo con nuestro organismo: usted empezará a eliminar las toxinas acumuladas durante años y su cuerpo lo hará con toda esa energía recién adquirida. Puede ocurrir que nuestra nariz empiece a segregar moco en exceso. ¿Significaría eso que hemos pillado un resfriado? En absoluto. El «constipado» lo hemos atrapado por comer. Nos hemos «constipado» por culpa de los largos años de hábitos alimenticios equivocados. En algunas personas, el súbito aumento de las toxinas eliminadas por los tejidos corporales puede causar un ligero dolor de cabeza. ¿Deben precipitarse a tomar aspirinas? ¡No! ¿Dónde queremos dejar las toxinas, dentro o fuera del organismo? ¿Dónde ha de quedar ese moco en exceso, en el pañuelo o en nuestros pulmones? Es el pequeño precio que hay que pagar por tantos años de malas costumbres alimenticias. En muchas personas, no obstante, tal reacción negativa no se producirá y aparecerá en seguida esa sensación de mayor vitalidad y bienestar. 

Recuerde que la calidad de nuestra fisiología afecta a nuestras percepciones y a nuestra conducta. Todos los días vemos pruebas de cómo la dieta habitual, recargada de dulces, comidas rápidas y aditivos químicos, acumula toxinas «atrapadas » en el organismo; a su vez esos productos de desecho alteran los niveles de oxigenación y de energía eléctrica celular, lo que produce todo género de consecuencias negativas desde el cáncer hasta un aumento de la criminalidad. 


Haga suyas las seis llaves que le entrego para crear la experiencia de salud que prefiera. Tómese unos momentos para representarse lo que será usted mismo dentro de un mes, después de haber seguido los principios y los conceptos que hemos comentado aquí. Vea la persona en que se habrá convertido después de cambiar su bioquímica por medio de una alimentación y una respiración eficaces. ¿Y si comenzara la jornada con diez respiraciones hondas, limpias, potentes, que vigoricen todo su sistema? ¿Qué le parecería eso de levantarse todos los día contento y despejado, y dueño de su organismo? ¿Y si empezara a comer alimentos saludables, abundantes en agua, para limpiar su cuerpo, y dejase de ingerir esas carnes y esos lácteos que fatigan y obstruyen su sistema? ¿Y si empezase a combinar sus alimentos de manera adecuada, a fin de reservar sus energías para los asuntos verdaderamente importantes? ¿Y si se acostase todas las noches con la sensación jubilosa de haber realizado todas las posibilidades del día? ¿Que le parece eso de vivir con arreglo a los principios de salud y poseer energías que jamás había sospechado durmieran dentro de usted?

Si contempla a esa persona y le agrada lo que ve, ¡sepa que todo cuanto le ofrezco lo tiene fácilmente a su alcance! Sólo es cuestión de un poco de disciplina... (no demasiada, porque una vez rotos los antiguos hábitos no se volverá atrás) Para cada esfuerzo disciplinado hay una recompensa multiplicada. De modo que, si le gusta lo que ve, hágalo. Comience hoy y habrá cambiado su vida para siempre.


Anthony Robbins

2 comentarios:

  1. Es bueno saber estas cosas. Gracias por la información tan valiosa.

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  2. Excelentes artículos de Anthony Robbins, ahora a ponerlos en práctica. Saludos

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