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Sanando con Ho´oponopono


Cuando supe que tenía tumores linfáticos potencialmente cancerosos en mis pulmones, entré en pánico. El especialista en cáncer que fui a ver me pintó un panorama muy oscuro. Quería hacerme una biopsia inmediatamente, y me explicó además los daños eventuales que podría sufrir a largo plazo. 

Les envié una señal de alarma a mis amigos más cercanos, sanadores y otras personas. Me hicieron sugerencias, que acepté en su gran mayoría. Y también apliqué el "yo te amo" como método de limpieza. 

Mientras estaba en cama, silenciosamente le repetía "yo te amo" a la Divina Providencia una y otra vez. De pronto tuve una inspiración. Se me ocurrió que este desafío de salud, fuera lo que fuera, era un regalo. Me pregunté qué querría decir. 

Muchas personas han contado que sus cánceres u otras amenazas de salud se convirtieron en algo maravilloso que los despertó o los fortaleció. ¿Estos tumores serían un regalo para mí? 

Acostado, seguí repitiendo mentalmente "yo te amo". Comencé a imaginarme los tumores linfáticos en mi pecho. Yo había visto la escanografía y sabía cómo se veían. Cuando los tuve en mi imaginación, comencé a hablarles. Les pregunté: "¿Qué quieren que aprenda? ¿Qué quieren decirme?" Casi instantáneamente vi una imagen de mi difunta esposa. Ella había muerto tres años antes. Estuvimos casados por más de veinte años y fue mi mejor amiga. 

La vi y dije: "Yo te amo". Sentí un profundo dolor. Cuando murió, lloré todos los días durante un año. Después lloré un poco menos hasta que lentamente dejé de hacerlo. Pero aún la extrañaba. Me pareció que los tumores linfáticos eran un símbolo de ella. 

La escanografía se veía como una minúscula criatura pendida dentro de mí, una sólida metáfora de lo que atesoraba en mi mente. Aún no había dejado ir a mi esposa. Una parte de mí la guardaba dentro de mí. 

Continué repitiendo mentalmente "yo te amo", y a medida que lo hacía, me surgían otras frases, tales como "lo siento" y "por favor, perdóname". Al seguir haciendo esto, vi que las imágenes de los tumores se volvían más y más pequeñas, hasta desaparecer. 

Después de 20 minutos o más, sentí que estaba limpio. Aunque no podía probar que los tumores linfáticos se habían ido, supe que ya no estaban. Los amé, escuché su mensaje y los dejé ir. 

Más tarde, el resultado de la biopsia mostró que no eran malignos.


Joe Vitale

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