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La Televisión Programa a las Personas para la Pobreza

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Aunque todos los medios de comunicación masiva juegan un papel fundamental en la transmisión de la conciencia de pobreza, la televisión es la principal fuente infecciosa de esta enfermedad. Existen varios aspectos que, en combinación, la hacen altamente efectiva para influir en el subconsciente de las personas.

En primer lugar está el hecho de que la información se maneja simultáneamente de manera visual y auditiva. Al realismo proporcionado por las imágenes visuales, junto con las voces y sonidos, normalmente se agregan diversos fondos musicales que ayudan a intensificar las emociones experimentadas por el televidente, por lo que éstas desempeñan también un papel muy importante.

Otro aspecto clave en la influencia que este medio tiene está dado por la relajación. Normalmente, cuando una persona observa durante unos minutos la pantalla del televisor, el flujo de imágenes, luces, voces y sonidos le provoca una cierta somnolencia en la cual la mente consciente entra en un estado de inactividad parcial, lo que hace que las defensas racionales se debiliten y la información penetre con mayor fuerza al subconsciente. Por otro lado, el subconsciente no distingue entre lo verdadero y lo ficticio, por lo que registra todas las imágenes como si formaran parte de la realidad del espectador.

Además, existe un alto grado de repetición en la información que se transmite, ya que el tipo de mensajes varía poco en esencia y la mayoría de la gente dedica muchas horas a ver televisión.

Cuando consideramos todos estos aspectos de manera combinada (imágenes visuales, relajación, mensajes verbales, defensas conscientes debilitadas, repetición, producción de emociones, percepción de realidad), nos damos cuenta del poder que tiene este medio de comunicación masiva para introducir con efectividad información al subconsciente, en este caso conceptos limitantes y negativos sobre la riqueza.

Los contenidos de la información que se transmiten por televisión y que refuerzan la conciencia de pobreza entre la audiencia pueden clasificarse fácilmente.

Por una parte está la información que atribuye un sinnúmero de consecuencias venturosas a la adquisición de riqueza. A este grupo pertenecen principalmente los comerciales, cuya finalidad es vender. De una u otra forma, en gran cantidad de anuncios televisivos se asocia la compra de bienes de consumo con la felicidad y la satisfacción personal. Las imágenes presentan los rostros alegres de personas que nos hablan de diversos productos. Al ingresar pasivamente y sin cuestionamiento tal información al subconsciente, se reafirma el mensaje de que la felicidad depende de la adquisición de una larga lista de objetos.

Otro tanto sucede con aquellos anuncios en los que de manera abierta o enmascarada se asocia la adquisición de ciertos objetos (como autos, lociones, tarjetas de crédito, etc.) con el poder. Y un aspecto que suele manejarse aún más insistentemente, pero de manera muy sutil, es el concepto de la propia valía de las personas. El mensaje frecuentemente implícito en los anuncios es que, al adquirir ciertos artículos, el consumidor se convertirá en una persona más apreciada, aceptada y deseada (deseada en general y también deseada sexualmente); en una palabra, su valor ante los demás aumentará de manera notable.

Estas cualidades asociadas a la riqueza no se presentan por mera casualidad. Los publicistas que diseñan los anuncios saben muy bien que, en el fondo, casi toda la gente desea sentirse más feliz, más valiosa, más deseada y con más poder en su vida. El problema es que la adquisición de riqueza no puede llenar realmente esas necesidades, cuya raíz tiene poco o nada que ver con lo material, y a lo sumo genera algunas emociones agradables y sentimientos de euforia temporales después de que el consumidor ha efectuado la compra. Pasado muy poco tiempo, los mismos mensajes volverán a insistirle en que aún le falta adquirir tal o cual cosa para gozar de esa felicidad, ese poder o esa valía tan anhelada. Y así, el círculo se repite interminablemente, perpetuando la enfermedad.

Otro tipo de contenidos es radicalmente opuesto al anterior. En él se asocia toda clase de calamidades con la abundancia material. Es uno de los temas centrales de las telenovelas, series televisivas y películas. En ellas vemos cómo la gente que posee riqueza es el centro de envidias, conspiraciones, robos y secuestros. Los protagonistas atraviesan por diversas adversidades relacionadas con la abundancia en que viven. También suele presentárseles como gente vacía y llena de maldad. Aunque el espectador sabe que se trata sólo de una actuación creada en un estudio de televisión, la información penetra libremente a su subconsciente, donde se registra y refuerza el mensaje de que es malo poseer muchos bienes materiales ya que hacen superficial y hueca a la gente y son el imán que atrae todo tipo de desgracias.


Estos dos polos de información contradictoria (la que adjudica a la riqueza atributos altamente deseables y la que le asocia circunstancias completamente indeseables) funcionan como complementos excelentes en el menú ofrecido al público televidente. Es obvio que si se invirtieran los papeles, este medio de comunicación perdería todo su atractivo. Nadie adquiriría un automóvil que los anunciantes presentaran aclarando que ese objeto no dará al comprador la felicidad que no ha alcanzado por sí mismo y que probablemente lo ponga en la mira de asaltantes y secuestradores. Por otra parte, las series televisivas tendrían muy poca audiencia si estuvieran enfocadas a resaltar las situaciones cotidianas en que tanta gente utiliza de manera positiva la riqueza que posee.


Otros de los programas que suelen ser bastante llamativos, y a través de los cuales también se refuerza información limitante, son aquellos en los que se ofrecen premios materiales o en metálico a los participantes. El televidente contempla desde el sofá de su hogar cómo la persona que aparece en la pantalla se aproxima, a través de sencillos juegos de azar o competencias bastante chuscas, al premio prometido y, cuando al fin lo alcanza (si es que lo alcanza), aquél comparte por un instante la dicha del agraciado ganador. El mensaje registrado en su subconsciente es que la obtención de riqueza está ligada a la suerte (y a la lucha), y en el fondo experimenta un secreto deseo de tener algún día la fortuna de estar en alguno de esos escenarios, participando y obteniendo uno de los mejores premios.


Podría parecer que los programas de televisión y sus contenidos cambian constantemente, pero en realidad giran una y otra vez en torno a las necesidades y motivaciones internas del público al que están dirigidos. No podría ser de otra manera. Aunque su objetivo principal es vender, y por ello buscan a toda costa mantener la atención del público, entre sus efectos secundarios está la multiplicación de actitudes insanas hacia el dinero y la riqueza en el subconsciente de los espectadores, sin mencionar su influencia en muchos otros aspectos.


Gildhardho

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