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¿Crees que Tener Dinero y Ser Rico es Cuestión de Suerte?

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Antonio nació hace casi treinta años en un barrio de clase media, en el centro de una gran ciudad, como mucha gente. Se casó alrededor de los veinte, como mucha gente. Tuvo varios hijos, como mucha gente. Es empleado en una oficina gubernamental, como mucha gente. Y piensa, como mucha gente, que existe una palabra que distingue a aquellos que tienen dinero: "suerte".

Frecuentemente se reúne con sus amigos a tomar cerveza. Durante la plática, cuando surge el tema del dinero, él comparte con los demás su razonada opinión:

—De eso estoy absolutamente convencido: tener dinero es cosa de suerte. Vean, por ejemplo, al dueño del supermercado que está en la esquina; tuvo la suerte de nacer en una familia con dinero. Ni siquiera necesitó estudiar. Sus padres le pusieron la tienda y ¡listo! Gregorio, el de aquí enfrente, estaba desempleado. Le tocó la suerte de ir a solicitar trabajo a la empacadora justo cuando necesitaban cortadores de fresa y, mírenlo, ya está de jefe en un área de la planta.  —Así sigue su conversación por largo rato.

Siempre ha justificado sus carencias económicas echándole la culpa a la mala suerte.

Piensa que algunos nacieron con buena estrella y que la suerte siempre les sonríe. En cambio, otros como él, vinieron al mundo marcados con el sello de la pobreza.

A pesar de todo, piensa que la suerte es tan caprichosa que en cualquier momento lo puede señalar con el dedo. Por eso compra su "cachito" de la lotería o llena su quiniela cada semana. Con una poca de suerte, piensa, podría ganarse un premio y salir de una vez por todas de esa miserable condición.

Todos los sábados ve con entusiasmo los programas de televisión donde los concursantes ganan lavadoras y automóviles. ¡Qué suerte tienen! Por un momento olvida la realidad y se apasiona como si fuera él quien estuviera en  la pantalla. Las manos le sudan cuando algún participante se encuentra a un paso de conquistar el primer premio. En el momento en que sucede, él suspira y se deja caer en el respaldo del sillón, compartiendo la felicidad del afortunado ganador.

A menudo, cuando ya ha apagado el televisor y se encuentra tomando una ducha tibia, una tenue voz parece oirse dentro de él:

"La suerte no existe. ¿De verdad crees que eres un ser desvalido, sujeto a los caprichos de un frío destino al que le gusta jugar a los dados? Todo lo que sucede a tu alrededor es un reflejo de lo que hay dentro de ti. Siempre existe una causa, aunque muchas veces permanezca oculta. Cambia los pensamientos que habitan en tu mente y verás cómo cambia tu propio mundo. Tú creas tu destino. La ilimitada capacidad que habita en tu interior puede cambiar la dirección de tu vida. ¿Por qué no la usas?"

Pero Antonio no alcanza a escuchar. El ruido de la regadera parece impedírselo.


Gildhardho

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