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El Milagro de EARTHING

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Desde 1998 he sido invitado a las casas de varios miles de personas y las he reconectado con la Tierra. He realizado este proceso en recién nacidos, niños, adultos jóvenes, gente de mediana edad, ancianos, centenarios y personas gravemente enfermas a las que el sistema médico no ofrecía soluciones. Algunas comprendieron lo que estaba haciendo. La mayoría, no. Sólo después fueron capaces de entender que se sentían mejor y padecían menos dolor.

Earthing produce una increíble onda expansiva comunitaria: "¿Puedes, por favor, hacerle esto a mi madre, hermana, padre o amigo?". He oído estas palabras muchas veces a gente que había padecido durante años dolores intensos. Todo aquél que consigue aliviar el dolor o eliminarlo del todo, acabar con la fatiga o superar la falta de movilidad desea que sus seres queridos y sus amigos se sientan igual de bien. "¡Caramba! —dirán—. No tuve que hacer nada. No fue necesario cambiar de dieta, ni hacer ejercicio, ni tomar pastillas. Solo dormir". Eso se dicen unos a otros y así es como se propaga la información sobre Earthing. Una mujer con esclerosis múltiple, que tras conectarse a tierra se sintió como una persona nueva, me dijo que deseaba empezar una "revolución de los pies descalzos" y conseguir que todo el mundo actuara igual que ella.

Recuerdo otro caso, el de una mujer a la que había conectado a tierra que me pidió que hiciera lo mismo con su madre. La anciana sufría de dolor crónico en las caderas desde hacía más de diez años. Le coloqué dos electrodos adhesivos conectados a tierra en los pies. Transcurridos unos veinte minutos más o menos, dijo que tenía que ir al servicio, así que le quité los parches. Al levantarse de la silla, profirió un grito. Me llevé un buen susto. Creí que ocurría algo grave. 

—No, el dolor ha desaparecido —dijo.

Puede parecer algo increíble, pero lo he oído decir muchas veces a lo largo de los años. Se trata de una frase habitual de la gente que ha sido reconectada a la Tierra después de haber estado desconectada probablemente casi toda su vida.

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La satisfacción que siento cuando veo a otras personas librarse del dolor y sentirse mejor resulta indescriptible. Esto me ha mantenido en pie a diario en una aventura que ha sido agotadora, exigente y, a veces, bastante solitaria. Mi alegría se ha impuesto al cansancio y me ha recompensado el tiempo que he empleado en intentar informar a la gente sobre Earthing. Una y otra vez, he visto cómo rostros enfermos y paliduchos recuperaban la frescura y el color a los pocos minutos de haberse efectuado una conexión a tierra.

Después de todos estos años, no hay ninguna duda de que Earthing es seguro y que muchos trastornos y síntomas responden positivamente a la energía natural de la Tierra. También me resulta evidente que esta conexión con nuestro planeta es el eslabón perdido para recuperar el color de la piel, la vitalidad y la salud en una sociedad en donde estos síntomas de buena salud han ido disminuyendo sin cesar en los últimos tiempos.

La gente suele preguntar si Earthing les va a ayudar con ciertas enfermedades. Al igual que no puedes pretender que la comida sana, el aire o el agua produzcan los resultados que deseas en una función o parte de tu cuerpo, lo mismo sucede cuando tomas la energía natural de la Tierra: tu organismo la utiliza en función de sus necesidades. A menudo la gente me habla de los sorprendentes "beneficios secundarios".

Creo firmemente también que Earthing no sirve solo para remediar los problemas de salud que ya están presentes, sino también para ayudar a que nuestros cuerpos se mantengan sanos. He llegado a pensar que se trata de la forma más natural de medicina preventiva y antienvejecimiento que tenemos a nuestro alcance.

Ni yo ni los investigadores y médicos con los que he trabajado durante años comprendemos del todo la magnitud de los cambios fisiológicos que se producen con Earthing. La investigación lleva pocos años en marcha. Siento que estamos arañando la superficie de un nuevo gran paradigma que, con suerte, otros con mayores recursos se animarán a explorar.

Hay algo que sí sé: reconectarte de forma sistemática con la Tierra le devuelve a tu cuerpo la fuente natural de energía que te ha estado faltando. Esta carencia energética podría ser la causa principal de la inflamación crónica y el dolor, del mal funcionamiento del sistema nervioso o de algunos problemas de salud que no terminas de superar. Cuando te reconectas y permaneces reconectado, ocurren un sinfín de efectos maravillosos.


Clinton Ober

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