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Ladrillos Rotos

Alex Loyd-el-codigo-de-curacion

En una ocasión, cuando tenía diez años de edad, tuvimos una asamblea especial en la escuela. A diferencia de otras asambleas que habíamos tenido, esta resultó inspiradora, fabulosa y sugestiva. Un profesor de karate nos estuvo hablando de los secretos de la vida mientras realizaba toda clase de hechos increíbles como romper con las manos ladrillos. Piedras, tablas y grandes bloques de hielo; y, mientras realizaba todas estas proezas, no dejaba de combatir simultáneamente con diversos atacantes.

Este hombre nos contó una historia de la que no me he olvidado jamás. Él era un muchacho, de más o menos mi edad, que vivía en China, su país natal, y que por entonces estaba dando sus primeros pasos en una escuela de artes marciales. La escuela a la que asistía celebraba periódicamente una fiesta para que las familias y las amistades de los alumnos pudieran comprobar los progresos que aquellos habían logrado. Los alumnos se preparaban para el acontecimiento con la consiguiente anticipación. En esa ocasión el maestro le dijo al muchacho que su participación consistiría en romper con la mano un determinado número de ladrillos. Esto era un poco inusual, teniendo en cuenta que el chico nunca había realizado esa prueba y tampoco se le había preparado para hacerla en esta ocasión. Por supuesto que, al igual que el resto de sus compañeros, conocía la técnica pero jamás la había puesto en práctica, nunca había roto ladrillos con la mano. Así que cuando el maestro se lo dijo, el chico se quedó muy preocupado. Pero el maestro sonrió y se limitó a decirle que no se preocupara, que no tendría el menor problema: "Sabes todo lo que hay que saber para romper los ladrillos", le aseguró.

Llegó el día de la celebración y todos los estudiantes realizaron brillantemente sus ejercicios para delicia de los asistentes. En la actuación final le tocó salir al muchacho. Saludó a la concurrencia, saludó a su maestro y atacó los ladrillos con la técnica que había practicado. Para sorpresa de todo el mundo, los ladrillos se partieron sin el menor problema bajo el golpe del muchacho. El maestro se adelantó y, en medio del silencio general, explicó que lo que acababa de hacer el chico no lo había hecho nadie antes. Ni lo había conseguido él, ni ninguno de todos los grandes maestros. Aclaró también que si bien el muchacho era inteligente no había logrado hacer aquella proeza gracias a su inteligencia, sino simplemente porque había creído que podría realizarla, sin albergar la menor duda en su corazón. La fractura de los ladrillos había sido sencillamente la manifestación física de su firme fe.

¿Cuáles son los ladrillos que existen en tu vida? Sean cuales fueren, es muy probable que existan debido a un problema de fe. Te puedo prometer que si puedes creer en la verdad, los ladrillos que entorpecen tu vida se harán añicos.

Lo que hizo en China aquel muchacho hace muchos años es una manifestación perfecta del poder que genera la fe; una fuerza para la que nada es imposible.


Alexander Loyd

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