Breaking News



Recobrando mi Dignidad

recobrando-mi-dignidad

La programación principal relacionada con una buena o mala autoestima la adquirimos desde antes de nuestro nacimiento y durante los primeros años de nuestra vida, de fuentes como las figuras de autoridad, la religión, los medios de comunicación, entre otras.

Ya sabemos que las figuras de autoridad más importantes son los padres. Ellos fueron los principales artífices de nuestra buena o mala autoestima. Casi todo lo que hicieron o dejaron de hacer fue registrado por nuestro subconsciente con el mensaje implícito "soy una persona valiosa" o "no valgo".

El mensaje "soy una persona valiosa" se registró cada vez que nuestros padres nos brindaron cariño físico (abrazos, besos, masajes, etc.) o cariño verbal ("te quiero", "eres importante para mí"), cada vez que nos prestaron atención (escuchándonos, respondiendo a nuestras preguntas, etc.), cada vez que mostraron interés en nosotros (pidiendo nuestra opinión, preguntándonos sobre nuestras inquietudes, observando nuestras emociones, participando en nuestras actividades escolares, conociendo a nuestros amigos, ofreciéndonos ayuda, etc.), cada vez que nos dedicaron tiempo y cada vez que demostraron aceptarnos tal como éramos.

El mensaje "yo no valgo" se registró siempre que nuestros padres nos negaron todo lo anterior. No importa si el amor y la atención de papá o mamá nos faltó porque tenían demasiadas ocupaciones, porque se iban a jugar cartas con sus amistades o porque simplemente no estaban preparados para ser padres. El mensaje registrado fue el mismo: "Lo que me pasa no es importante, lo que siento no es importante, lo que pienso no es importante; yo no valgo". Además, este mensaje adquirió más fuerza cada vez que nos rechazaron, nos insultaron, nos humillaron, nos maltrataron, nos compararon con los hermanos u otras personas, nos disciplinaron de manera exagerada, nos ridiculizaron o se dirigieron a nosotros con gritos y maldiciones.

Si crecimos en un ambiente en el que la religión se consideraba muy importante, seguramente ésta también tuvo un papel central en el desarrollo de nuestra autoestima. Al escuchar continuamente que éramos unos indignos pecadores, que éramos "poca cosa" a los ojos de Dios, que éramos criaturas inferiores y que necesitábamos sufrir para purificarnos, en nuestro subconsciente se registró con gran fuerza el mensaje "yo no valgo, soy un ser despreciable". Si en la actualidad llevamos una vida religiosa activa, tal vez sigamos escuchando muchos de esos mensajes o, peor aún, quizá nosotros mismos nos los repitamos con frecuencia, lo que sin duda continúa reforzando todos nuestros problemas de autoestima. En los casos en que se nos hizo sentir que somos hijos de Dios, que él habita en nosotros y que, por lo tanto, poseemos una gran dignidad y somos merecedores de lo mejor que él ha creado, el mensaje implícito fue "soy una persona valiosa".

Otros mensajes que también influyeron en nuestra autoestima provinieron de nuestros hermanos (principalmente los mayores), familiares, maestros y amigos, de los medios de comunicación y de fuentes diversas.

Debido a la capacidad del subconsciente de conservar toda la información que registra, llevamos de por vida esa programación (a menos que hagamos algo al respecto).

El nivel de autoestima que tenemos repercute en todos los aspectos de nuestra existencia. Todo lo que hacemos y sentimos, la manera como nos comportamos, como nos relacionamos con las personas, como nos tratamos a nosotros mismos, como permitimos que los demás nos traten, como cuidamos nuestro cuerpo, nuestras aspiraciones, los hábitos que adquirimos... Todo ello refleja de alguna forma el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Gildhardho

*****

A continuación, presentamos una excelente charla de Salvador Valadez con el tema "Recobrando mi dignidad". Que la disfrutes...

No hay comentarios