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La Gratitud, una Fuerza Poderosa

gratitud

El significado que se da comúnmente a la gratitud es el de agradecer por los beneficios recibidos. Si bien eso es algo importante, yo creo que la energía de la gratitud es una de las fuerzas de atracción más poderosas del Universo. Un corazón lleno de acción de gracias, incluso cuando las apariencias nos dicen que estamos atascados en la escasez, el conflicto y la aflicción, nos impulsa hacia una conciencia más elevada, y pronto vemos brillar la realidad a través de la ilusión.

Parafraseando lo que he escrito en mi libro Empowerment [Capacitación], nuestros deseos se cumplen primero en la conciencia y después se manifiestan en el mundo exterior en forma de experiencias y circunstancias ideales; así pues, el secreto es ser agradecidos cuando nuestro bien todavía es invisible. La gratitud produce una corriente de energía espiritual que va por delante de nosotros a ejercer una poderosa influencia en nuestro mundo. No sólo elimina las pautas negativas que tenemos en el subconsciente producidas por la ingratitud, sino que también forma un puente que nos conecta con todas las fuentes posibles del bien. Evidentemente hay una sola Fuente, pero la Mente Divina funciona de maneras misteriosas para realizar magníficas maravillas a través de un número infinito de canales. Y mediante el sentimiento de gratitud nos ponemos del lado de las riquezas del Universo, de las relaciones llenas de amor y del poder sanador del Espíritu que irradia desde el interior.

Mi esposa Jan y yo hemos comprobado el poder de la gratitud innumerables veces en nuestra vida. En los años setenta, yo estaba pasando por un periodo difícil en el ámbito laboral y llevaba días orando y meditando en busca de una solución. Una mañana, cuando estaba saliendo de la cama, oí resonar una voz en el dormitorio: «Serena confianza». Para mi eso significaba que el problema se había resuelto y que mi papel en el asunto era acallar mi mente (es decir, dejar de preocuparme) y confiar en el proceso divino. Me invadió una inmensa gratitud y durante los días siguientes la expresión constante de mi mente y mi corazón fue: «¡Gracias, Dios!». Y de pronto, del caos surgió un orden y una armonía perfectos.

El 30 de diciembre de 1993, cuando Jan tuvo un ataque al corazón y murió en la camilla, en nuestra casa, mientras la transportaban a la ambulancia, experimenté una sensación de distanciamiento y muy poca reacción emocional. Incluso cuando el enfermero me dijo: «Lo siento, la hemos perdido», no le creí. En algún lugar de mi conciencia sabía que ella volvería y se recuperaría rápidamente. Y así fue: después de pasar más de cuatro minutos en el otro lado, Jan volvió. Ya en el hospital, mientras esperaba el informe de los médicos, mi sentimiento de gratitud se intensificó más que nunca. Mi oración en la sala de espera fue de enorme agradecimiento por la Fuerza Vital que había en ella y que iba a sanar y perfeccionar su cuerpo. A la mañana siguiente Jan también expresó su gratitud por la vida, por su increíble experiencia y por lo maravillosamente bien que se sentía; el médico movía la cabeza con agradecimiento, asombro y respeto por su rápida recuperación. La gratitud, que combina las energías del amor y la alegría, había llenado a rebosar el hospital, y no me habría sorprendido que hubieran ocurrido otras curaciones milagrosas durante esos momentos.

Cuando vivimos con un corazón agradecido, el miedo no puede entrar, la culpa se disuelve y sólo hay paz, amor, perdón y comprensión. Para mí, de eso trata la vida.


John Randolph Price

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