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Habla un Espíritu Desencarnado

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Es interesante observar que en el plano no-físico la perspectiva de las cosas es muy diferente que en el plano físico. Cuando estamos encarnados teniendo una experiencia física, solemos absorbernos demasiado por el mundo fenoménico en el que vivimos y el cual percibimos a diario. Cuando esto sucede, en muchos de los casos la persona prácticamente vive en el mundo de los efectos y lo ve como lo único real, lo único que existe y negando todo lo que sus sentidos físicos no puedan percibir.

En estas condiciones la persona vive dominada por su ego, y tratará siempre de acapararlo todo, competir con todo mundo e iniciar una carrera desesperada por tener más que los demás, pues cree que su valía propia depende de tener el auto más caro, las mujeres más hermosas y más posesiones materiales que su vecino. Pero llega un momento en que esa misma persona se da cuenta de que todas esas cosas eran efímeras y solo proporcionaban una felicidad fugaz, pues el ego siempre exige más para poder sobrevivir.

Los dones materiales son maravillosos (¡y son nuestro derecho divino!) pero solo cuando se manifiestan y se disfrutan desde la perspectiva adecuada: cuando proporcionan paz interior en lugar de quitarla; cuando alimentan y nutren nuestro espíritu; cuando los sabemos compartir con los que menos tienen con un corazón desinteresado; cuando los disfrutamos sin apegos y luego los dejamos ir; cuando eliminan el dolor humano; cuando engrandecen nuestro amor por los demás; cuando bendicen al mundo.

Somos seres espirituales teniendo una experiencia física, por lo que debe haber un equilibrio entre nuestra vida física y nuestra vida espiritual. Nuestras almas necesitan atención y nutrimento a diario, así como nuestros cuerpos. Si nos volcamos completamente al mundo externo físico, nuestras almas se marchitan. De igual forma, no podemos pasar nuestras vidas aislados del mundo, dedicados completamente a la oración y a la meditación y reprimiendo nuestras necesidades físicas y deseos materiales. ¡Tiene que haber un equilibrio! Una cosa nutre a la otra y viceversa. Esta es la verdadera plenitud. Entonces somos conscientes de nuestras necesidades físicas y de nuestras necesidades espirituales y las satisfacemos con gracia y amor.

El siguiente es un caso real extraído del libro "Una puerta hacia la luz" de Carmen de Sayve y Jocelyn Arellano, donde las autoras tuvieron contacto con un espíritu que se encontraba confundido por su nuevo estado. Este espíritu narra lo que fue su vida y cómo lo que antes le parecía lo más importante, ahora, en su nuevo estado, le parece superfluo y vacío. Un relato que nos hará reflexionar muy seriamente y nos incita a orientar sabiamente el rumbo de nuestras vidas...


Viví aferrado a todo lo que veía de bello, ya fueran mujeres, coches, obras de arte, casas, etc. que con mi dinero compraba. No había para mí otro valor que mi deseo y cualquier medio era bueno para obtenerlo. Morí de repente, robando sin escrúpulos cuanto pude y fue mi deseo. No creía entonces que esto era malo pues el mundo es una selva en la que luchan todos contra todos. 

Mi conciencia estaba dormida y supeditada al dictado de mis deseos. Siempre que lograba conseguir algo que había anhelado me producía gozo profundo pero ¡Ay! que poco duraba. Era como una estrella fugaz, por lo que de inmediato buscaba un nuevo interés al cual dedicaba toda mi energía e inteligencia. 

Llegué a este lugar cuando yo no esperaba nada; para mí la muerte significaba la nada y fue grande mi sorpresa al verme vivo y en un lugar desconocido. No sé cuanto tiempo llevo aquí pero pasé de la desesperación primero a la rebeldía de haber perdido todo lo que me pertenecía y al no encontrar consuelo ni sentido a lo que me pasaba, empecé a reflexionar sobre la vida que acababa de llevar. Ya sin el cuerpo físico es más fácil entender mucho de lo que es la vida. Me di cuenta de que mi vida había estado regida por mi deseo de poseer todo, de controlar a mi alrededor y comprendí que no era lo correcto. 

¿Cómo llegué a esa conclusión? porque analizando mis sentimientos me di cuenta de que en esa actuación nunca encontré paz y armonía, siempre había desazón y eterna insatisfacción. Me acordé entonces de cuando en alguna ocasión ayudé a alguien o me compadecí de un amigo o de cualquier persona y el sentimiento que experimenté después. Ese sí me llenaba de paz y satisfacción. ¿Cómo se puede ser tan ciego cuando se está en la Tierra y no darse cuenta de esto? 

Nos pasamos la vida luchando por obtener cosas que a la hora de la muerte, que a todos nos llega, no sirven de nada, en lugar de insistir en las actitudes que provocan la verdadera felicidad. 

Ahora me encuentro ya en un lugar menos oscuro pero sin saber bien a bien qué hacer. Oigo voces que me llaman y me dicen que me dirija a la luz, no veo ninguna y en lugar de eso me llevaron con ustedes ¿Me pueden decir qué hacer?

Un día nos llegó este llamado de un desconocido (nosotras somos médiums); le explicamos, como lo hacemos en estos casos, el porqué de su situación y cómo llegar a la luz, al cabo de lo cual terminó diciendo:

Me atrae una luz que no puedo describir, un remolino de colores que se convierten en luz brillantísima pero que no ciega. Voy más y más cerca, se hace más y más grande y brillante ¿Cómo fui tan necio en negar la existencia de Dios? Esto es el paraíso, veo gente salir de ahí que me llaman. Me voy... gracias... ya comprendí lo que es la vida y lo que se llama muerte que es en realidad resurrección.


Enrique Nieto

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