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Una Experiencia Sublime

paraiso

Cuando dormimos, es muy común que tengamos experiencias poco comunes que nada tienen que ver con los sueños cotidianos producto de nuestro subconsciente. Por ejemplo, experiencias donde de repente tomamos plena conciencia de que nuestros cuerpos están dormidos, salimos de ellos y nos movemos con total libertad en un espacio sin limitaciones.

Hace unos meses, mientras dormía plácidamente por la mañana después de realizar mi meditación matinal, tuve una experiencia poco común que aún recuerdo con gran emoción.

Acostado sobre el tapete de meditación, me quedé dormido rápidamente pues aún era muy temprano. De pronto adquirí plena conciencia y vi a un lado mío unas extrañas cortinas de colores fulgurantes que se movían lentamente como si un extraño viento las tocara. Extendí mis brazos hacia ellas con la intención de tocarlas y entonces, ocurrió.

Suavemente salí de mi cuerpo físico que yacía tendido en el piso. Aquello era verdaderamente increíble. Yo flotaba en el espacio de esa habitación con una facilidad total. Comencé a recorrer la habitación flotando con maravillosa elegancia y suavidad, recorriendo sus paredes para luego ascender hacia el techo. Cuando me elevé empecé a sentir temor pues me estaba elevando demasiado en aquella habitación. Decidí bajar lentamente e inmediatamente sentí cierto vértigo, pero éste desapareció al instante.

Era maravilloso poder volar. En ese momento me sentí ligero, en completa paz, sereno. En ese momento no había juicios, etiquetas, críticas, preocupaciones, etc. Sólo era un maravilloso presente lleno de libertad y de magia. Mi libertad, mi gozo.

Entonces, estando plenamente consciente, pensé que sería muy bueno aprovechar ese instante para programar mi subconsciente con alguna afirmación con las que estaba trabajando en ese entonces. Lo hice algunas veces, pero, yo realmente quería disfrutar de ese momento. Quería saborear ese instante mágico de paz y libertad absolutas, así que decidí continuar flotando...

No sé cuanto tiempo transcurrió. De pronto escuché voces que me despertaron. Abrí los ojos y me quedé quieto para escuchar con mayor atención aquellas voces que pensé que provenían del patio de mi casa. Pero no se escuchaba nada. No había nadie allá afuera. Me sentí tranquilo y permanecí recostado un rato más, reflexionando sobre mi experiencia.

Pero entonces, me percaté de algo. En mi mente aparecían imágenes fugaces como "flashazos" de un lugar muy especial. Cuando esas imágenes aparecían inmediatamente experimentaba una paz tan profunda que no puedo describir con palabras. Era una paz que trasciende los sentidos. Una paz exquisita y trascendente. Y entonces sentí y supe que yo había estado en ese lugar mientras dormía.

En efecto, supe que yo había estado en una estancia u hogar con altos muros de color ladrillo de una estética asombrosa. Esos muros estaban adornados con hermosas y extrañas plantas que daban al lugar un toque de belleza perfecta y exótica. Pero algo místico y mágico emanaba de aquél lugar. Había una atmósfera de armonía, paz y quietud imposibles de describir.

Ahí me sentí increíblemente bien. Era como si en aquél lugar el tiempo como lo conocemos no existiera. Sólo un eterno y gozoso presente, sin pasado ni futuro, ni el correr de las horas. Nada de eso existía ahí. Sólo Presente. Un presente envolvente y sanador. Un Aquí y Ahora lleno de exquisitez y gloria.

Pero hubo algo más. 

Aunque de manera consciente sólo tengo la imagen escurridiza de aquél lugar maravilloso, sé perfectamente que en aquél paraíso hubo algo más durante mi estancia allí. Algo que cuando me percaté de ello hizo que las lágrimas humedecieron mis ojos y mi corazón se inundara de amor...

En aquél lugar mágico y místico, había estado acompañado en todo momento por una persona muy especial... una mujer maravillosa a la que amé y amo profundamente... mi madre, que hizo su transición hace 9 años.


Enrique Nieto

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