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La Ley de Atracción y Como un Hombre Piensa

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Uno de los libros del Nuevo Pensamiento más famosos de todos los tiempos es sin lugar a dudas "Como un Hombre Piensa". Este libro fue escrito por James Allen y publicado en 1903 y es una piedra angular del movimiento de autoayuda. Este libro sirvió de inspiración a numerosos autores reconocidos como Norman Vincent Peale y Earl Nightingale y otros muchos que han bebido de esta fuente inagotable de sabiduría práctica para la vida.

El libro revela el poder oculto de la mente y explica que la ley que opera universalmente es la Ley de Atracción. Explica que todo hombre posee el poder de controlar su pensamiento, y es con ese dominio de su propio pensamiento como puede elevarse por encima de toda discordia y miseria y crear una vida plena y feliz. 

El medio ambiente de todo individuo es el resultado directo de los pensamientos e imágenes mentales que el mismo individuo promueve en su mente y permite que permanezcan ahí. 

Así pues, el libro revela que es el hombre el único constructor de su vida en todos los sentidos y no lo es un destino caprichoso que sólo favorece a algunos y pone trabas a la gran mayoría. Todo hombre tiene el poder para abrir las arcas de la abundancia y la felicidad, pero pocas personas lo saben y entonces sufren las consecuencias de su ignorancia.

Cada vez que pensamos hacemos una invocación al Universo pues los pensamientos emiten una frecuencia la cual activa la poderosa Ley de Atracción y ésta hará hasta lo imposible para manifestar la esencia de dicho pensamiento-vibración en nuestra experiencia física.

Así pues, te invito a leer y estudiar este magnífico libro, escrito en una forma amena y hasta poética. Abrirá tu mente a las posibilidades infinitas que tienes ante ti y te devolverá el Cetro de Poder como el poderoso creador que ERES.


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Sólo el hombre sabio, sólo aquel cuyos pensamientos son controlados y unificados, hace que le obedezcan los vientos y las tempestades del espíritu.

Los pensamientos en nuestra mente nos hacen lo que somos. Nos forjan y modelan. Si albergas en tu mente pensamientos inferiores, el dolor te seguirá como sigue el arado al buey… En cambio, si tus pensamientos son elevados, te seguirá la dicha como tu propia sombra. Es un hecho. 

Él es hecho o deshecho por sí mismo; en la armonía del pensamiento forja las armas con las que se destruye; también elabora las herramientas con las que construye para sí mansiones celestiales de felicidad fortaleza y paz. Con la elección y aplicación de los pensamientos correctos el hombre asciende a la perfección divina; con la aplicación y el abuso de los pensamientos incorrectos, desciende bajo el nivel de las bestias. Entre estos dos extremos están todas las categorías del carácter, y el hombre es su maestro y hacedor. 

El hombre es siempre el amo y señor, aún en su estado de mayor debilidad y abandono; pero en su debilidad y degradación es el amo necio que gobierna mal sus asuntos. Cuando empieza a reflexionar acerca de su condición, y a buscar diligentemente la Ley que lo llevó a ese estado, se transforma en el amo sabio, canalizando inteligentemente su energía, y elaborando pensamientos fructíferos. Ese es el amo sabio, y el hombre sólo puede llegar a serlo, descubriendo dentro de sí mismo las leyes del pensamiento 

La mente de un hombre se compara a un jardín, que puede ser inteligentemente cultivado o ser abandonado y llenarse de hierbas; pero sea cultivado o descuidado, está destinado a producir. Si no se siembran semillas útiles, entonces semillas de hierba mala caerán, crecerán en abundancia y se reproducirán.

Cada semilla de pensamiento sembrado dejado caer en la mente, y que hecha raíces, se reproduce a sí misma, floreciendo tarde o temprano en acciones, produciendo sus propios frutos de oportunidad y circunstancias. Buenos pensamientos producen buenos frutos, malos pensamientos malos frutos. 

Las circunstancias no hacen al hombre; lo revelan a sí mismo. 

Los hombres no atraen aquello que quieren, sino aquello que son. 

Buenos pensamientos y acciones jamás pueden producir malos resultados; malos pensamientos y acciones no pueden jamás producir buenos resultados. Esto no es otra cosa que afirmar que no puede cosecharse más que trigo del trigo, u ortiga de la ortiga. El hombre entiende esto en el mundo natural, y trabaja con ese conocimiento; pero pocos lo entienden en el mundo moral y mental (aunque esta operación es tan simple y directa), y por lo mismo no cooperan con esa ley. 

El sufrimiento es siempre el efecto de los pensamientos equivocados en alguna dirección. Es indicador de que el individuo está fuera de armonía consigo mismo, con la ley de su ser. El único y supremo uso del sufrimiento es la purificación, quemar todo aquello que es inútil e impuro. El sufrimiento cesa para quien es puro. No hay sentido en quemar el oro después que la escoria se ha retirado, y un ser perfectamente puro e iluminado no puede sufrir tanto.

La indigencia y la indulgencia son dos extremos de la miseria. Ambas son igualmente innaturales y el resultado de un desorden mental. Un hombre no está correctamente adaptado hasta que es un ser feliz, saludable y próspero; y la felicidad, salud y prosperidad son el resultado de la armonía entre su mundo interno y externo, del hombre con su entorno. 

Un hombre sólo empieza a ser hombre cuando deja de lamentarse y maldecir, y comienza a buscar la justicia oculta que gobierna su vida. Y al adaptar su mente a este factor gobernante, cesa de acusar a otros como la causa de su situación, y se forja a sí mismo con pensamientos nobles y fuertes; deja de patalear contra las circunstancias, y empieza a utilizarlas como ayuda para progresar más rápido, y como un medio para descubrir el poder y las posibilidades ocultas dentro de sí.

Un hombre es lo que piensa que es. 

 Los hombres están impacientes por mejorar sus circunstancias, pero son poco los que están dispuestos a mejorarse; por lo tanto siguen estando en las mismas circunstancias. 

 La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto, y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosechas un carácter. Siembra un carácter y cosechas un destino. 

 Para obtener el éxito verdadero hágase estas cuatro preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Por qué no yo? ¿Por qué no ahora?. 

Aquel que lleva en el corazón una visión maravillosa, un ideal noble, algún día lo realizará. 

 Hoy estás donde tus pensamientos te han traído; mañana estarás donde tus pensamientos te lleven. 

 Cuanto más tranquilo haga las cosas un hombre, mayor será su éxito, su influencia, su energía. La tranquilidad de la mente es una de las joyas hermosas de la sabiduría.

 Tus circunstancias pueden no ser de tu agrado, pero no han de seguir siendo las mismas si concibes un ideal y luchas por alcanzarlo. 

 Los soñadores son los salvadores del mundo.


Enrique Nieto

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